Primeras impresiones de ARCOmadrid’22

Verde que te quiero, ARCO

La que hoy abre sus puertas es una edición de la feria madrileña que se esfuerza por mirar al futuro (escudriñando paradójicamente al pasado) y celebrar un sector, el del arte, fuertemente sacudido por la pandemia

Últimos retoques en el estand de ATM

Hay un deseo en boca de todos en el mundo del arte –de artistas a galeristas, de organizadores de ferias a coleccionistas– que es el de la vuelta a la normalidad en el sector. Todos lo expresan en voz alta pero a sabiendas en su fuero interno de que esto va a costar todavía un tiempo, puesto que, tras una pandemia, el mundo no es tal y como lo dejamos antes de la misma. De hecho, la edición de 2020, la primera de Maribel López en el cargo sin tutelajes y la primera en la que pulularon tímidamente las mascarillas (en esta será obligatoria la ffp2 y el pasaporte covid), ya se vio adulterada por la situación.

Dos años después, tres entregas mediante (mucho se decía de los años duros que le tocó vivir en la dirección a Carlos Urroz, pero es que López aún no ha levantado cabeza), el sector entero se esfuerza –y fuerza lo que haga falta– para que las piezas vuelvan a encajar en el puzzle.

La señal más evidente que lanza ARCOmadrid este 2022 es la de volver a febrero en el calendario, tras esa edición de julio de 2021 que buscaba colgarse la medalla de ser de las pocas en el mundo (no fue la única) que no renunció a celebrar ninguna de sus ediciones; intención envuelta en el ‘buenrollismo’ de la necesidad de apoyar a las galerías, pese a que luego se negara a festejar su cuarenta aniversario cuando tocaba, pues eso hubiera supuesto soplar las velas sólo con los íntimos.

La artista Día Muñoz y la galerista Raquel Ponce en su estand

Hasta el color corporativo de este 2022 es el verde, verde esperanza, y sectores como Arts Libris (la feria dentro de la feria) recibe al visitante revestido con chillonas franjas de colores. La cosa ‘se normaliza’, aprendemos a vivir con una pandemia, y ARCO crece en número de expositores con respecto a julio: pasa de los 130 de esa edición descafeinada a los cerca de 185 de este año, lejos aún de su media de 210 firmas globales, recuperando parte de la internacionalización que se dejó por el camino el año pasado (61 por ciento en esta ocasión: caen, por tanto, también algo las cifras con respecto a otras convocatorias).

Si algo aprendió ARCO en verano –además de que en esas fechas los grandes coleccionistas están en la playa– es que la seguridad en el salón se ganaba con una arquitectura de sus dos pabellones que fomentara la circulación ordenada y evitara las aglomeraciones. El guante lo recoge ahora el estudio Burgos y Garrido que apuesta por un sistema mixto que alterna estands más diáfanos con otros más panelados (lo que no termina de convencer), pero que recupera esa intención de pasillos más amplios para fomentar los flujos y favorecer la contemplación de las obras (en una edición en la que, curiosamente, prima la pintura y no se corre el riesgo de chocar con muchas peanas). Si que hay que alabar que se contiene el despilfarro de metros cuadrados de hace tan solo seis meses, pero en eso ha jugado un papel importante el regreso de muchas galerías, de forma que se ha sacrificado ‘proyectos especiales’ y participantes en los ámbitos comisariados, lo que incluso beneficia a estos.

Y nada mejor que una celebración, una metafórica fiesta, para materializar ese optimismo (necesario) que la feria de Madrid pretende trasladar a coleccionistas y visitantes. Este año sí que ARCO celebra sus cuatro décadas (y un año) de existencia, con un sector específico a cargo de tres comisarios: Sergio Rubira, María Inés Rodríguez y Francesco Stocchi, uno por cada ‘área de influencia’ del salón: España, Latinoamérica y Europa, respectivamente. El resultado es, en opinión de sus responsables, una especie de ‘museo imaginario’ que pivota sobre tres tipos de galerías: aquellas que han sido fieles a ARCO desde sus inicios; las que han sido embajadoras de la misma en el extranjero, y las que han acompañado a sus artistas a lo largo del tiempo (un eje que no tiene mucho sentido, puesto que esto no es exclusivo de nuestro país o nuestra feria).

Montage de una de las galerías del sector dedicado al arte latino

Hay que subrayar que esta división o deseo comisarial no trasluce en el montaje final, con una arquitectura específica en el pabellón 7 con la firma de Pedro Pitarch, en la que el museo imaginario se convierte más en caja del tiempo que demuestra que no hemos envejecido tan mal y en el que se fuerza y falsea el relato (elevado número de mujeres convocadas en las 19 galerías seleccionadas, algo que siempre se le ha achacado a ARCO justo por lo contrario). Asimismo, la posibilidad de recuperar y volver a poner a la venta obras presentes en las primeras ediciones (de María Moreno Isabel Quintanilla en Leandro Navarro, por ejemplo), dice también mucho del funcionamiento de nuestro mercado y de la valoración de nuestros creadores.

Diecinueve habitaciones que son diecinueve exposiciones o proyectos de artista (y esperemos que el montaje de 1900-2000 se base sólo en un deseo de rememorar fórmulas de tiempos pasados y no sea una marca de la casa) en la que sobresale, por envergadura, el iglú de Mario Merz Giorgio Persano, galería a la que se homenajea en Madrid en el Instituto Italiano de Cultura) y donde algunos grandes nombres, sobre todo internacionales, dejan buen sabor de boca: Mona Hatoum (Chantal Crousel), Dominique González-Foster (Jan Mot), Gilbert & George (Thaddaeus Ropac), Karin Sanders (Helga de Alvear) o Donald Judd (Elvira González).

ARCO vuelve a mirar (por vocación, por necesidad, por deseo de especializarse) a Iberoamérica, y tras el bienintencionado pero ‘desteñido’ proyecto veraniego de Mariano Mayer en el que se imponía la desmaterialización de las propuestas, ahora, junto a Manuela Moscoso, sí que saca adelante una propuesta menos arriesgada pero más sólida (se basa incluso en la ‘materialidad’ de los proyectos) desde ocho galerías cada una de las cuales apuesta por un único creador del nuevo continente. En este caso, menos sí es más, y solo por reencontrarse con autores como Rodrigo Artega (AFA), Sol Calero (Chert Cudde) o disfrutar del ‘collage’ gigante de Jonathas de Andrade en Continua merece la pena acercarse.

Miguel Marina ultima el montaje en el espacio de The Goma

Acabo los espacios comisariados en Opening, una sección que, he de reconocer, se me hace cuesta arriba todos los años. En ella, ARCO juega a sentirse joven cada edición (para eso ya hay otras ferias en Madrid) y en el que repiten en su configuración Ovul Durmusoglu y Julia Morandeira. La política de este sector parece ser, convocatoria tras convocatoria, que, cuanto más lejos vayamos a buscar a galerías y artistas, más ‘emergente’ es el asunto. Por eso contradigo y me quedo con las dos representantes nacionales: Cibrián de San Sebastián (siempre es un gusto toparse con el trabajo de Esther Gatón) y el Intersticio de Xavi Martín Llavaners, uno de esos espacios nuevos que están haciendo maravillas desde la capital. También rescato la frescura de Dufour y Alberto Passolini en Constitución.

Y en el salón general, el regreso a la normalidad en ARCO es apostar por los SOLO/DUO (24 en esta ocasión), y por ver reducido el espacio de los ‘proyectos especiales’ que siguen dedicándose exclusivamente a creadoras y que continúan rellenando huecos: en el caso de Iria Lombadía, queda integrado en el estand de Alarcón/Criado. El de Clara Sánchez Sala (una artista que si no conocen aún están tardando) queda bastante lejos de ATM o Nieves Fernández, con quienes trabaja. El de Aurèlia Muñoz de Richard Saltoun se conforma de una única obra. No debe serlo, por cuestión de sexo, el de Olafur Eliasson compartido por Elvira González y Neugerriemschneider, pero sí, por su cartela, el de Carlos Aires en Zilberman.

Párense ante la monumental pieza de madera descarnada de Josu Bilbao en etHall o en el estand de Ponce+Robles, que de alguna forma condensa las cuatro exposiciones de su propio aniversario entorno a los ‘bichos’ de cristal y madera de Día Muñoz. Busquen la pieza más pequeña de Pamen Pereira en Set Espai D’art (si algo ha concitado la nueva normalidad es que firmas como esta, como Ángeles BañosATM Freijoo hayan podido entrar por derecho propio en un salón que se les resistía). Comparen el Darío Villalba de Luis Adelantado con el de Leandro Navarro y elijan su favorito. Quédense con la ironía de Hans-Peter Feldmann en ProjecteSD o la ácida crítica de Broomberg & Chanarin en Nogueras (allí les sale al paso una Mercedes Azpilicueta transgénero). Piérdanse por las estancias de 1MiraMadridPepe Espaliú y Daniel García Andujar (también en Àngels Barcelona y T-20) lo merecen.

‘Iglú’ de Mario Merz en el sector del 40(+1)

Muntadas lo encontrarán en varios estands. En Joan Prats casa bien con Teresa Solar Abboud Victoria Civera. Él también apuesta por el verde con un generoso eslogan: «Cuide la pintura». Si seguimos con nombres femeninos, Thomas Schulte Helga de Alvear (lo normal, en ARCO, es que esta última se deje los cuartos para su museo) comparten a Ángela de la Cruz, pero no pueden perderse a LaRibot en Max Estrella (¡y ese primer ‘selfie’ del cine español de Val del Omar! Tan sensual como el de Paul Mpagi Sepuya en Peter Kilchmann); o el zócalo que ha pintado Maider López en el ámbito de Espacio Mínimo que comparte con Liliana Porter o Bene BergadoJosé de la Mano sigue ‘descubriéndonos’ nombres y no se puede pasar por alto el de la vasca Inés Medina en su galería. El de Campañà, fotógrafo de la Guerra Civil, les detendrá en seco en Rocío SantaCruz.

Montajes limpios, siempre, en Maisterra ArtNueve, y de sobresaliente (comisariado por Eduardo García Nieto) en House of Chappaz. ‘Performance’ en Hua International, una rareza bienvenida en esta edición. Philipp Fröhlich (Juana de Aizpuru), Arturo Comas y Valcárcel Medina (T-20), David Maljkovic (Annet Gelink), Garaicoa y Bunga, dos Carlos en Elba BenítezRebeca Planas que se lanza a los NFTs en Álvaro Alcazar o Beth Moysés en Fernando Pradilla son un puñado de nombres más para su lista de ‘deberes’.

Arte vasco, con Ibarrola al fondo, en el espacio de José de la Mano

A este ARCO aún le faltará su fiesta (aunque recupera sus foros y debates) y quizás peque de cierto conservadurismo (hay artistas a los que vimos casi miméticos hace seis meses), pero lo que no se le puede negar es el esfuerzo de su trabajo y su intención de mirar hacia el futuro. Tenemos cinco días para comprobar si lo logra. Cinco días en los que Ifema se volverá a convertir en un búnker o burbuja que aisla con respecto a lo que ocurre en el exterior (guerras entre ‘ayusers’ y ‘casaders’ incluidas), pero cuyos relatos pueblan las historias de las obras introducidas en el salón; vamos: lo normal. Crucemos los dedos y pensemos en verde (que no en positivo, por el juego de palabras en días pandémicos). ¿Qué más puede ocurrir? ¡Solo brotes verdes, que dijo aquel!

Momentos de recogida y limpieza en el estándar de Elvira González

Texto publicado el 23 de febrero de 2022 en la web de ABC Cultural 

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