Sergio Porlán (artista)

«El arte es algo intrínseco y casi pegajoso que me va a acompañar siempre»

Sergio Porlán es artista, director del Centro Párraga y miembro del colectivo The Perfect Lover. En todas estas áreas desarrolla un interés por el arte asociado al cuerpo. Una labor que ya «da que hablar»

«Selfie» de Sergio Porlán para «Darán que Hablar» – S. P.

Nombre completo: Sergio Porlán Soler. Lugar y fecha de nacimiento: Lorca (Murcia), 19 de febrero de 1983. Residencia actual: Murcia. Formación: Estudios en la EMAP de Lorca y en la Facultad de Bellas Artes de Murcia. Ocupación actual: Artista y director del Centro Párraga.

Qué le interesa. Los intereses que motivan mi trabajo tienen que ver con las problemáticas del cuerpo contemporáneo. Un cuerpo que es el resultado de la sedimentación de la biología, la tecnología y la medicina. El cuerpo «heterocrónico» sobre el que se da una multiplicidad de tiempos. El futuro visto como un pasado, y un pasado que se reactualiza en un tiempo ruinoso. Más que el cíborg, me interesa el cuerpo decadente, protésico, narcótico, presa de las obsesiones, las manías y las adicciones.

Todas mis piezas son grandes ensamblajes de muchas cosas diferentes: objetos encontrados, elementos producidos, restos de procesos, fetiches o amuletos. Una suerte de vánitas barroca revisada, a partir de elementos como los tranquilizantes o las sustancias alucinógenas que alteran la percepción de lo cotidiano.

Detalle de «Black stone» (2015) – S. P.

De dónde viene. He realizado cuatro exposiciones de forma específica para mi galería, Artnueve, en Murcia. Ahí he mostrado de manera nítida el cuerpo de trabajo en el que he estado inmerso. Mariángeles, mi galerista, entiende siempre los proyectos de manera experimental, como instalaciones, lo que da mucha libertad.

He expuesto también en Pekín (Art Beijing), Miami (feria Untitled), Bruselas (Off Course Art Fair) y Berlín (Preview Berlín), todas experiencias locas y hermosas. También en varias ediciones de ARCO, Estampa y Drawing Room.

«Panorama» (2014) – S. P.

Supo que se dedicaría al arte… En el mismo momento en que descubrí que era mi manera de estar en el mundo. Algo intrínseco y casi pegajoso que me iba a acompañar siempre. Para mí es una obsesión por la observación y la necesidad de construir objetos simbólicos a partir de mi curiosidad por las cosas. Comencé a estudiar Derecho de una manera arbitraria y me aburría soberanamente. Un día fui a la librería, me compré el libro del «donuts» de Ana María Guasch y supe que ya no volvería a la facultad. Estuve diez años formándome en arte en la EMAP de Lorca (Escuela Municipal de Artes Plásticas), que dirigía Juan Jiménez Asensio, y que era una escuela muy seria, a pesar de estar en un contexto local. Lo que pensaba que era una afición resultó ser un modo de vida.

«Notas para un paisaje mitológico» (2012) – S. P.

¿Qué es lo más extraño que ha tenido que hacer en el arte para «sobrevivir»? He trabajado en muchas cosas diferentes pero siempre con alegría, sin la sensación apesadumbrada de hacer algo por obligación. He pintado escenografías, he dado clase, he sido asistente en el teatro… De estudiante, guardaba en un cajón el dinero justo que me daban mis padres para la vuelta a casa en tren. Aún conservo esa costumbre por si las cosas se tuercen.

«Mesa de prácticas» (2017) – S. P.

Su yo «virtual». El uso que hago de las redes es estrictamente profesional. Más centrado en las imágenes y en las piezas que voy produciendo o en las exposiciones y ferias en las que participo. Tengo mucho pudor para mostrar cuestiones relativas a la intimidad o a mi propia imagen. Las utilizo como herramientas para comunicar a través del arte y llegar a aquellos que están más lejos de mi contexto.

Instalación del proyecto «Casa Fría» (2015)

Dónde está cuando no hace arte. Dirijo un centro en Murcia, el Centro Párraga, que es un espacio dedicado al arte contemporáneo y a las artes escénicas. Es un lugar especial donde se establecen nudos entre diferentes disciplinas. Aprendo de la gente de la danza y el teatro, rigurosos y creativos. Ellos trabajan con una herramienta que me interesa mucho y que es su propio cuerpo. Cuando no estoy allí, se me puede encontrar en mercadillos, desguaces, bazares o invernaderos, callejeando para buscar materiales.

«Humidificador», obra del proyecto «Casa fría» (2015) – S. P.

Le gustará si conoce a… Destacaría a mis compañeros de galería [entre ellos se incluyen Pablo Capitán del Río, Alejandra Freymann, Alberto Peral, José Luis Cremades, Javier Pividal…], una especie de hermandad o argamasa con mucha afinidad. Somos de diferentes generaciones, pero algunas veces parece que todos hubiéramos hecho la misma pieza de manera conjunta, como un cadáver exquisito. Compartimos estéticas, humor y ratos de charla. De los clásicos, señalaría a autores como Kounellis, Soulages, Motherwell o Kantor. Del negro al negro, todos son gente bastante oscura.

«Habitación con escamas», obra del proyecto «Posibilidad de liquen» (2019) – S. P.

Qué se trae ahora entre manos. En una serie de piezas que abordan los comportamientos TOC, las manías y las fobias. Trabajo con testimonios de enfermos que describen el mundo especial que perciben, intentando traducirlo al arte. Estoy construyendo un jardín con testimonios de gente que tiene terror a las plantas.

«Exoesqueleto», obra del proyecto «Posibilidad de liquen» (2019) – S. P.

Proyecto favorito hasta el momento. El último cuerpo de trabajo, «Posibilidad de liquen», una serie de piezas que aún pueden verse en la galería ArtNueve de murcia y que recuerdan a mundos abisales. Instalaciones hechas a partir de elementos de desguaces, corales y setas. También estoy muy satisfecho de la colaboración con Javier Pividal y Jesús Alcaide en «The perfect lover», un colectivo que nos reunimos para diferentes proyectos. Ahora exponemos «Mia anima nera», que se puede ver en la Blueproject Foundation en Barcelona.

«Espuela», obra del proyecto «Posibilidad de liquen» (2019) – S. P.

¿Por qué tenemos que confiar en él? No pretendo que confíen en mí, pero sí que se aborde mi trabajo de manera desprejuiciada, que el espectador se deje llevar por la sensualidad de la obra. Mi aportación es la del juego simbólico: Intentar construir mundos, y comunicar con los objetos. Llegar a poner en común, de manera precisa, aquello que quiero decir. Manejar bien una gramática de las imágenes y hacer que funcionen juntas. Que entre la idea, la materialización y la comunicación no haya distancias. También construir máquinas para pensar, propuestas inútiles que nos alejen de lo productivo y nos adentren en lo simbólico.

Vista de del proyecto con J. Pividal para la BlueProject como miembros de The perfect lover. – S. P.

¿Dónde se ve de aquí a un año? No me veo con nitidez en el futuro. Soy poco planificador: trabajo al día e intento disfrutar de los procesos por encima de los resultados. Más que en un lugar o en un contexto, me proyecto en el futuro para planificar mi próxima obra.

¿A quién cedería el testigo de esta entrevista? No sabría señalar a nadie. Tengo tantos buenos amigos que son a la vez buenos artistas, con discursos singulares y con obras llenas de matices, que sería imposible jerarquizar.

Defínase en un trazo. Lo hago con orfidal y mármol Marquina.

 

Texto publicado en la web de ABC Cultural el 20 de octubre de 2019

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