Soledad Sevilla, Premio Velázquez 2020

Soledad Sevilla, premio Velázquez 2020: «Poco a poco se va reconociendo a toda una generación»

La valenciana es la sexta mujer en alzarse con el galardón, dotado con 100.000 euros, con el que el jurado reconoce su papel como «pionera en la experimentación con los lenguajes en el Centro de Cálculo» y su labor entre la pintura y la instalación

Soledad Sevilla en una imagen de archivo en el CAAC (Foto: Vanessa Gómez)

Hasta esta misma mañana, el nombre de Velázquez, a Soledad Sevilla (Valencia, 1944) le remitía directamente a Las Meninas: «De hecho –recuerda detrás del teléfono–, yo hice una serie sobre este cuadro, ya cerrada, aunque las posibilidades de esta obra son inabarcables». La pintora, que considera este lienzo como «el cuadro de los cuadros, una pieza insuperable», estaba familiarizada con su autor, al que también ha dedicado relatos y conferencias, alguna de ellas en el Museo del Prado, incluso ante los pies de tan magna pintura.

Desde hoy, Velázquez tiene otro sentido para Sevilla. Este es el nombre del premio con el que ha sido galardonada en su edición de 2020, y con el que el Ministerio de Cultura y Deporte reconoce anualmente a un artista plástico español o de los Estados que integran la Comunidad Iberoamericana de Naciones, dotándole con 100.000 euros.

«¿Ya es oficial? –me pregunta contrariada– Es que me han dicho que me iba a llamar el ministro y aún no he recibido su llamada». Los que sí que la han felicitado ya son bastantes compañeros de la prensa, interesados en conocer su reacción: «Estoy muy sorprendida –confiesa–. Aún no lo he asumido del todo. Este es un premio de máxima importancia, el Nobel de la plástica. Algo que nunca piensas que vaya a ser para ti, porque estos reconocimientos nunca llegan en vida. Estoy emocionada, soprendida, esperando a acostumbrarme».

«Te llamaré hoja», proyecto de 2005 en la galería Soledad Lorenzo

El jurado de este año, presidido por Dolores Jiménez-Blanco, directora general de Bellas Artes; y conformado por Cecilia Vicuña (la ganadora en la edición de 2019); los también artistas Eugenio Ampudia y Lluís Fuster; Yolanda Romero Gómez, conservadora de la Colección Banco de España, Javier Hontoria, director del Museo Patio Herreriano; María Jesús Abad Tejerina, profesora de la Universidad Rey Juan Carlos; el comisario Antonio Gonçalves da Costa; y Beatriz Herráez, directora de Artium, la destacan, sobre todo, «por ser pionera en la experimentación con los lenguajes en el Centro de Cálculo, y por la solvencia con la que transita entre el plano y el espacio, así como por su forma innovadora de entender la luz, los materiales y la geometría».

Centro de Cálculo. No es la primera vez que escuchamos este concepto en los últimos meses. De hecho, salió a colación hace unas semanas, cuando se reconoció a José María Yturralde con el Nacional de Artes Plásticas: «Me alegré enormemente por él. Es como si poco a poco se reconociera a mi generación. También coincidió hace poco una muy buena exposición de Alexanco en Alcala 31, con el que también coincidimos allí. Sin embargo, entonces yo no me sentí pionera de nada. Lo que sentía es que eso era lo que quería hacer, un arte más mental, alejado de aquella educación eminentemente clásica que habíamos recibido en la escuela de Bellas Artes [la de Sant Jordi en Barcelona, en su caso]. Pero, efectivamente, tampoco fue entonces el momento del Centro, eclipsado luego por la nueva figuración. Que ahora se valore y recupere me parece estupendo», explica la artista.

Una de las instalaciones andaluzas recreadas de nuevo por Sevilla en el CAAC

El paso de Soledad Sevilla por el «Seminario de generación automática de formas plásticas» del Centro de Cálculo adscrito a la Universidad Complutense de Madrid tuvo lugar de 1969 y 1971. Después se sucederán becas en los ochenta como la de la Fundación Juan March o la de la Universidad de Harvard (la que le permite trabajar la serie «Las Meninas», aplicando una estructura básica en forma de retícula para reinterpretar los espacios y las atmósferas del cuadro de Velázquez). A su vuelta a España realiza diversas instalaciones ambientales, todas ellas con un marcado pero sutil carácter pictórico, que plantean una profunda renovación plástica, y que también han sido recordadas por el jurado. De 1998 hasta su cierre en 2012 estuvo vinculada a la galería Soledad Lorenzo.

Porque, ante todo, Sevilla se considera pintora: «Es una técnica que me fascina, y aunque mi próximo proyecto en Patio Herreriano contendrá tanto mis lienzos más recientes como una instalación en La Capilla, combino ambas técnicas sin problema. Pero de la pintura me interesa sobre todo que la produces tú, día a día, en el estudio; su dimensión de batalla personal con la tela en blanco. Yo soy más partidaria de los procesos manuales e introvertidos del taller. Eso es muy gratificante».

No es este el primer galardón con el que se alza la valenciana. En 1993 recibió el premio Nacional de Artes Plásticas y, en 2007, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. «El Velázquez es mucho más que una ánecdota, en un hito en una carrera. Pero no creo que me vaya a generar un antes y un después. Para mí, lo importante es continuar el trabajo en el estudio. Ahora salgo de viaje para Barcelona, pero cuando vuelva, regresaré a mi rutina en el estudio, ocupándome de lo cotidiano y lo extraordinario, que es la base de mi trabajo. La actividad no cambiará».

«Díptico de Valencia» (1996), en el IVAM

Se escucha de fondo música clásica. Es la que acompaña a esta creadora cuando trabaja. Al pedirle que repase su lista de artistas también merecedores del galardón que acaban de concederle recuerda a Eva Lootz, a Carmen Laffón, a Teixidor, al mencionado Yturralde… Ella es la sexta mujer que lo recibe desde que se instaurara en 2002, después de creadoras como Doris Salcedo o Esther Ferrer: «Se lo merece cualquier miembro de mi generación, sobre todo aquellos que no han tenido aún nigún reconocimiento pero que han sido grandes amantes de la pintura».

La obra de Soledad Sevilla ha sido expuesta en los mejores museos. Recientemente, el CAAC, en Sevilla, recuperaba buena parte de sus instalaciones en Andalucía. También ha entrado en el Palacio de Cristal, reproduciendo interiormente su arquitectura y recreando la bóveda celeste; en el Centro José Guerrero («Variaciones de una línea») o en el CEART de Fuenlabrada (la retrospectiva «Espacios de la mirada», 2018), por recordar ejemplos cercanos.

Ahora, su pintura actual, tan empapada siempre de literatura, vuelve a homenajear a Pessoa: «Curiosamente, estoy volviendo a resultados geométricos, como esos ahora reconocidos del Centro de Cálculo». Desde entonces, han pasado muchos años, muchas series, muchos planteamientos. «Los que me acompañan en estos momentos no son resultado de un proceso mental, sino algo más espontáneo. Sin embargo, lo geométrico era lo que mejor se acomodaba a mi interés por las fachadas lisboetas».

Sevilla dedica su premio a su generación, «para que se tenga en cuenta a sus miembros en sucesivas convocatorias». Pero también a su familia: «A mis hijos, que han sufrido lo de tener una madre artista, lo que no es tan fácil». Hoy, seguro, es también un día dulce para ellos.

Una de las instalaciones andaluzas recreadas de nuevo por Sevilla en el CAAC

Texto publicado el 25 de noviembre de 2020 en la web de ABC 

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