«Vasos comunicantes», la nueva reordenación de la colección del Museo Reina Sofía

«Vasos comunicantes», la nueva reordenación de la colección del Museo Reina Sofía

Tras diez años trabajando en sus contenidos, el Museo Reina Sofía da por concluida la reordenación de su colección. Un paseo con Manuel Borja-Villel, su director, descubre sus bazas

Sala con la que arranca el recorrido de «Vasos comunicantes»

Los que estamos acostumbrados a visitar grandes museos, conocemos de las férreas medidas de seguridad para pasar de unas salas a otras cuando estas no están abiertas al público: acreditaciones, ‘escolta’ obligada de algún miembro de la institución, tarjetas o códigos que se introducen en el lector digital de turno… En el Museo Reina Sofía basta con ir acompañado de la persona adecuada, un hombre de pequeña estatura y aspecto tranquilo, que pide con mucha educación si le pueden abrir la siguiente puerta. «¿Es usted el director, verdad?» , le pregunta medio con vergüenza, medio con curiosidad un vigilante antes de proceder.

Efectivamente. Esa persona es Manuel Borja-Villel , el responsable, después de diez años de trabajo, de que el museo le haya dado a la parte de la colección que exhibe en sus salas un giro de 180 grados. Una nueva presentación desplegada a través de 2.000 obras, un sesenta por ciento inéditas, que ocupan en diferentes plantas una superficie de más de 12.000 metros cuadrados, lo que incluye 22 nuevas salas en la ya denominada Cero del ala sur del edificio de Sabatini que no habían sido utilizadas desde los ochenta y que en las últimas décadas se habían destinado a almacenaje, talleres y oficinas.

La primera pregunta es obligada: ¿Por qué había que darle otra vuelta a los conjuntos y por qué se ha tardado tanto? Borja-Villel responde rápido: «Ya empezamos a hacerlo, de hecho, en 2008, guiados por nuestra idea de servicio público que ha de tener el museo, y que ayuda a entender el mundo en el que vivimos. Y desde 2008, el mundo ha cambiado mucho: hemos pasado de un optimismo sin frenos en torno a la globalización, cuando ni se vislumbraba una alternativa para el neoliberalismo, a la gran crisis financiera de 2008, más el 15-M, el 8-M y el coronavirus».

Borja-Villel, director del Museo Reina Sofía, delante de una obra de Edward Krasiniski J. R. LADRA

Asimismo, prosigue, la presentación ya caduca de 2010 dejaba la historia que se quería contar a las puertas de los ochenta. Se hacía perentorio traerla a nuestros días. Y dejaba fuera determinadas disciplinas, como el peso de la arquitectura en el relato, el trabajo –fundamental– de otros departamentos del museo (donde el recambio generacional es evidente), o la «generosidad» de la Fundación , contrapeso al recorte del presupuesto de la institución: «Ello también invitaba a investigar sobre lo cercano que se ha obviado o lo que estaba fuera de radar».

El resultado se ha dado en llamar ‘Vasos comunicantes’ , una gran exposición de exposiciones que ilustra el desarrollo del arte mundial (poniendo el foco en España, desde donde se habla), de 1881 hasta este mismo 2021 , «pero no con una visión lineal de la Historia –remarca nuestro interlocutor–, sino a través de diferentes series [tampoco le gusta llamarlos capítulos], microrrelatos en los que comprobamos cómo las pequeñas historias en ocasiones se tensionan unas con otras .

El recorrido es pues, en palabras de Borja-Villel, una narración de tiempos solapados en los que a cada paso salen a flote las ideas de latencia (esos Informalismos que en los setenta se convierten en ‘azote’ de la dictadura y en los ochenta se transforman en ‘el mercado’ y lo institucional’; también latencia de autores, como Maruja Mallo, fundamental para entender los años 20, la Guerra Civil o la España de la joven democracia), «de rupturas y exilios, cuya lectura debe hacerse a muchos niveles, no solo el literal, como el de situarse ‘fuera de los tiempos’, como ya analizó Gloria Anzaldúa».

Sala dedicada a la Expo del 92 (Foto: JOSÉ RAMÓN LADRA)

En los últimos meses, hasta cinco de esas series han ido haciendo las presentaciones («también porque la pandemia y otras cuestiones prácticas nos han obligado a que no sea de forma global», puntualiza el director): ámbitos que ya han hablado de autarquía, de exilio, de desarrollismo, de los lugares del arte (la ciudad, las galerías, otros museos, las revistas…) o de los «enemigos de la poesía» (eufemismo del arte de vanguardia en Latinoamérica)… Se trata de volver a la Historia, a lo que sucedió, ahora que campan a sus anchas los falsos relatos y las ‘fake news’.

Toda la reorganización se ha desarrollado en plena pandemia, con los trabajos de acondicionamiento de las estancias nuevas de Sabatini en marcha, viviendo también una crisis de abastecimiento de materiales… Y sin mover el ‘Guernica’ de sitio . Ahora que tanto se ha escrito sobre su posible traslado: ¿Molestaba dónde estaba a los planes del director? Este se sonríe sin mover ni un músculo del rostro y contesta: «El ‘Guernica’ es tan importante que ni nos pertenece»… La relectura de los conjuntos sí que se ha encargado de enriquecerlo.

Desde hace unos días, el visitante puede ya acceder al guion de la última parte de esta historia de historias («la que además se hace desde un aquí y un ahora –subraya Borja-Villel– y, por lo mismo, ha de descolonizar el pensamiento y cuestionar muchas de las categorías que manejamos »); la que engarza con el trabajo que se hizo hasta 2010 y que arranca en Nouvel en ‘las salas nuevas’ y en la década en la que nació el museo: los años ochenta.

Y lo hace como ya se habrá habituado el espectador a que suceda en otras partes del recorrido, ‘revisitando’ grandes exposiciones o eventos artísticos, en este caso, la Documenta 7 , la de Rudi Fuchs, la de Miquel Barceló como único representante español; la que institucionalizaba la transvanguardia, aunque los vídeos que se recuperan del televisivo programa ‘La Edad de Oro’ nos transmitieran que otras artes eran posibles. U otras formas de entender este evento. Así, se trae a colación a artistas que participaron en él.

Espacio dedicado a los movimientos querer y lgtbi, así como de la Movida Madrileña,  en la nueva reordenación

En las siguientes salas asumimos cómo España se intenta profesionalizar y conectar con el mundo, mientras digiere lo que es ser ‘nacional y autonómica’ , destacando hitos fundamentales como la galería Fernando Vijande o el ‘Carrying’ de Pepe Espaliú (que se repitió expresamente para el Reina Sofía en 1992, con espacio propio de documentación ahora en el recorrido que conecta con el actual ‘¿Archivo queer?’ depositado en el museo), lo que lleva directamente a hablar de contracultura, del arte que se hacía en la calle –la Movida en Madrid o el activismo del sida en Nueva York (un gusto reencontrarse con David Wojnarowicz o el Hudinilson Jr que nos descubrió hace poco la ya desaparecida García Galería)–. También el avance de lo cyborg (aquí en clave feminista), de la foto como arte (homenaje a la revista ‘Photovisión’ ), y la inminente caída del muro (Arte Apartamento o Agustín Parejo School ).

Llegar a los 90 –con cambio de ala incluido: esto es ‘Dispositivo 92. ¿Puede la Historia ser rebobinada?’ , en Sabatini 0– es ocuparnos del evento con el que la joven democracia española se hacía mayor de cara al mundo en el ámbito cultural: La Expo’92 de Sevilla . Y es este uno de los capítulos más memorables y que mejor refleja la firma de Borja-Villel, porque le sirve para fijar el cómo nos vimos, cómo ‘los vimos’ (a los países latinos) y cómo ellos se ven (o al menos una parte de su población, que tampoco hay que ser maximalista), y deslizar así el discurso decolonial y reivindicativo con elegancia.

La entrada en este nuevo episodio se hace desde el ‘merchandising’ y la publicidad oficial de época del evento. Y con la mentalidad ecologista de hoy sonroja ese bloque de glaciar que metió Chile en su pabellón, las inspiraciones coloniales de sus arquitecturas o los ajardinamientos con plantas no autóctonas. La crítica llega enseguida de la mano de la recuperación citas como ‘Plus ultra’, de Mar Villaespesa, que se desarrollaba en un contexto abonado por proyectos como los de la revista ‘Figura’ o la galería La Máquina Española . También se golpea desde el otro lado del charco. Es el caso de la muestra ‘La conquista’, en Buenos Aires (1991), de la que se retoma la pieza ‘El dorado’, de Liliana Maresca en ella presente.

Recreación de la muestra ‘Principio Potosí’ (J. R. LADRA)

A partir de aquí, otras salas reproducen realidades específicas de diferentes contextos latinos: el colombiano con Mapa Teatro; el mexicano de los movimientos zapatistas, el peruano con Gilda Mantilla y Raimon Chaves… También realidades como la indígena (Benvenuto Chavajay ) o las cuestiones de raza (Sandra Gamarra, Daniela Ortiz, Colectivo AYllu…).

En ese solapamiento de tiempos al que ya nos hemos acostumbrado, resulta crucial la recuperación de otra gran expo del Reina, ‘Principio Potosí’ , con la que se respondía al bicentenario de la independencia de las repúblicas latinoamericanas. Una sala condensa algunas de las obras presentadas en esa cita en 2010 (de Sonia Abián, Marcelo Expósito, Ines Doujak…), junto a buena parte de la documentación que generó. Y una salida soberbia: el documental ‘Undoing Imperial Plunder’ (2019), de Ariella Aïsha Azoulay. No hago ‘spoiler’ si les cuento que Europa trata con un mimo inversamente proporcional las solicitudes de asilo de personas que viven en sus antiguas colonias que las obras de arte de sus antepasados.

Subimos una planta y cambiamos de siglo. Penetramos en ‘Éxodo y vida común’ . Y como nuestro contexto es el español, nuestro país despertó del sueño del pelotazo de los noventa con la tragedia del Prestige, aquí desde el trabajo documental de Allan Sekula. Es donación de Marga Sánchez. «Muchos coleccionistas terminan cediendo sus fondos en depósito cuando ven lo bien que quedan en sala», admite el director refiriéndose a otra obra. Más adelante habrá tiempo para analizar el despertar de China como potencia económica (Wang Bing) o la caída de las Torres Gemelas (Daniel Gª Andújar ).

Espacio del 15-M en el museo (Foto: J. R. Ladra)

La crisis financiera de 2008 desembocó en los movimientos del 15-M en España. Este entra de lleno en el Reina a través de materiales de la Acampada en Sol de 2011, ocupando quizás demasiado espacio (esto no es un museo de antropología), pero también con proyectos artísticos en sintonía de Diego del Pozo, Ánxela Caramés, Carmen Nogueira… Aparejado llegó el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, de la que se analiza el antes y el después, poniendo sobre todo el acento en Valencia, desde visiones tan variopintas como las de Rafael Chirbes desde la literatura (‘Crematorio’), el cine de Bigas Luna (‘Huevos de oro’), y los trabajos artísticos de María Ruido o Juan Pérez Agirregoikoa.

Hay resistencia al neoliberalismo imperante desde la ‘idealización’ del pasado (la ‘Retrotopía’ de Bleda y Rosa , Jorge Ribalta –que remite a Carlos V– o David Bestué , que añora a la Escuela de Vallecas) o la propuesta de nuevas formas de gobernabilidad y sociabilidad (Andrea Büttner o Marc Pataut). Y la salida del conjunto se hace a través de proyectos en femenino: Dora García, Rosa Barba, Hito Steyerl, y, sobre todo, la sala dedicada a Victoria Gil (una apuesta por la colectividad), Joan Jonas (por la ecología) y Carmen Laffón (el poder de la esencia de la obra del arte sobre ideologías). Un canto a la esperanza tras llamadas a Lesbos y a guerras olvidadas.

Epílogo de la muestra y salida del recorrido

Y con un epílogo centrado en la investigación ‘Tiempos incompletos’ que Nelly Richard presentó en el Reina en 2019 y que ahondó en cómo el Chile de Pinochet ya fue el primer ejercicio de neoliberalismo. La relectura que hacen otros artistas como Patrick Hamilton o Rivas San Martín evidencian dos cosas: que el futuro será feminista y no binario o no será. Así se las gasta el nuevo Reina. ¿Que faltan nombres en el recorrido? Por supuestísimo. Y la excusa no es que no estén en la colección: Alguna cartela ya avisa de ‘préstamos’ (Esa es ‘otra historia’)…

Borja-Villel mira su móvil, no por desdén o porque se nos haya hecho tarde, sino para consultar una aplicación. «Hemos hecho unos 8.500 pasos. Normalmente me hago 10.000 diarios deambulando por el museo». ¿Le queda algún capítulo más a esta reubicación de obras, habida cuenta de que, desde que abrieran otras secciones, todavía estos días se han incluido en ellas compras en ARCO de Ana Peters o la habitación dedicada a Broodthaers , un clásico de Villel? La cara del director se vuelve a iluminar con otra sonrisilla: «En otoño de 2022 hablamos». Un nuevo ‘vaso comunicante’ nos espera a ese otro lado.

Manuel Borja-Villel, director del Museo Reina Sofía

Texto publicado en ABC Cultural el 4 de diciembre de 2021

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