Noemí Iglesias (escultora)

«Represento la actual mercantilización del enamoramiento»

Esta joven asturiana recupera técnicas tradicionales dentro del discurso contemporáneo, mientras nos sitúa delante de nuestros rituales para relacionarnos con los demás, con o sin coronavirus de por medio. Noemí Iglesias dará que hablar

«Selfie» de Noemí Iglesias Barrios para «Darán que Hablar» – N. I. B.

Nombre completo: Noemí Iglesias Barrios. Lugar y fecha de nacimiento: Asturias, 4 de abril de 1987. Residencia actual: Asturias. Formación: Licenciada en Bellas Artes por la Universidad del País Vasco en 2010. Máster en Bellas Artes por la Tainan National University of the Arts, de Taiwán (2019). Ocupación actual: Escultora.

Qué le interesa. En este momento, estoy muy centrada en las flores de porcelana. Este fue un oficio industrial desempeñado íntegramente por mujeres a lo largo del siglo XX en las fábricas de cerámica europeas. Por la dificultad y el tiempo que se emplea en hacer cada una de ellas, es una técnica que está prácticamente desaparecida.

En mi trabajo, recupero este proceso tradicional para representar la actual mercantilización del enamoramiento y cómo los patrones emocionales son asumidos socialmente como iconos de consumo en la producción de una utopía romántica, donde las experiencias sentimentales se presentan como estrategias comerciales a través de productos fabricados por industrias específicas.

«Rebel Heart» (2019) – N. I. B.

De dónde viene. Tengo un perfil un poco nómada y ha sido difícil seguir una trayectoria lineal, en ese sentido. Recuerdo con bastante humor «N&N», un servicio de intercambio de personalidad en el Berlín Month of Performance y Art Athina. «San Claudio», en el Museo Arqueológico de Oviedo, y «Auction of Emotions», en el South Bank Bristol, donde el público pujaba con corazones de caramelo.

Este año he participado en la feria JustMad con la galería Espacio Líquido-La Gran, lo que me ha aportado mucha visibilidad a nivel nacional. En este momento, destacaría la colaboración como artista emergente en la publicación Ceramics Monthly, y mi presencia en la Taiwan Ceramics Biennale. También el premio Faenza, en Italia, y las exposiciones Everlasting, en el Gimhae Clayarch Museum de Corea; Inside the white cube, en el Taipei Museum of Contemporary Art; y Quarantine, próximamente, en el Yingge Museum del mismo país.

Detalle de «Diao Ni» – N. I. B.

Supo que se dedicaría al arte… Siempre lo supe, o al menos no tengo el recuerdo de haber querido dedicarme a otra cosa. Cuando era pequeña, iba a clases de pintura. Después estudié Bellas Artes en Bilbao, donde me especialicé en escultura, y, poco a poco, he ido enlazando una cosa con otra. Me formé en técnicas de reproducción con escayola y bronce en la Athens School of Fine Arts, y el año pasado recibí la titulación de Máster en Bellas Artes en la Tainan National University of the Arts de Taiwán. Soy muy consciente de que, para seguir avanzando, es necesario tener una formación lo más amplia posible y explorar diferentes técnicas.

«Everlasting» (2019)

¿Qué es lo más extraño que ha tenido que hacer en el arte para «sobrevivir»? En 2009 llegué a Grecia con una beca Erasmus en un momento muy significativo, porque fue justo el comienzo de la crisis económica, social y política que pondría al país en el centro de todas las miradas. Me pareció que estaba viviendo un momento histórico, realmente emocionante, así que decidí quedarme en Atenas tres años más recogiendo los restos de mármol que se quedaban en el suelo después de las manifestaciones. Desde entonces, he vivido en Inglaterra, en Hungría, donde también me tocó el cierre de frontera con Serbia durante la crisis de refugiados de 2015, en Italia, China o Corea. Y la verdad es que he tenido todo tipo de trabajos: gestión cultural, guía de museo, técnica de esmaltes cerámicos, camarera, teleoperadora, recepcionista…

Taiwán ha sido mi destino durante los últimos tres años. Allí estuve estudiando sobre prácticas cerámicas contemporáneas gracias a la Beca ROC Taiwán del gobierno taiwanés. Un choque cultural que no esperaba y un gran cambio a todos los niveles, sobre todo social. Al principio, no sabía cómo comportarme en un contexto con tantas reglas y protocolos no escritos: «ok» no siempre significa «ok», y hay que aprender a leer las situaciones y actuar en consecuencia sin que nadie diga nada. Puede que esa haya sido la situación más extraña y confusa. Fue un proceso de observación bastante abstracto, y tardé casi un año en adaptarme.

«Funtional» (2019) – N. I. B.

Su yo «virtual». En redes tengo un perfil relativamente bajo: utilizo solamente Instagram (@noemi_i_barrios) e intento cuidarlo bastante. Pienso mucho las publicaciones, el orden, cómo van a quedar las fotografías en el muro… Soy muy metodológica en ese sentido. También en 2018 abrí una cuenta en Tinder, que estuvo activa durante 40 días. Formaba parte de un experimento, así que no sé si realmente se podría considerar como consumo continuado. En general, soy más analógica que digital, y sigo sacando fotos con carrete.

Detalle de «Atenas» (2010) – N. I. B.

Dónde está cuando no hace arte. Suelo trabajar bastante con objetos funcionales. Colaboro con restaurantes para hacer vajillas de porcelana personalizadas. Estas piezas las trabajo normalmente en el torno y utilizo esmaltes con colores vivos tipo azul turquesa, verde agua, amarillo limón… También colaboro con varias concept store en España, Grecia y Taiwán, donde presento una línea de diseño más personal.

Por lo demás, estoy bastante activa en el tema de las residencias artísticas. ¡Me encantan! Me parecen experiencias súper enriquecedoras y positivas. Tengo muy buenos recuerdos del International Ceramics Studio de Hungría, el Arctic Ceramics Center de Finlandia, la Factoría Cultural de Avilés, La Meridiana School of Ceramics de Florencia… La última, este año, ha sido en la fábrica de porcelana Vista Alegre, en Portugal, y las próximas serán en la Shanghai Academy of Arts and Design y en el Taoxichuan International Studio, en Jingdezhen.

Detalle de «Quarantine» (2019) – N. I. B.

Le gustará si conoce a… Mis referentes son artistas que trabajen con formatos perfomativos y medios escultóricos. Me gusta mucho la poesía que se desprende en la obra de Sophie Calle; la ironía excéntrica de Sarah Lucas; la delicadeza de Hitomi Hosono; el humor de Hito Steyerl; las instalaciones envolventes de Chiharu Shiota; la fuerza del Vilma Villaverde y el diseño limpio de Ann Van Hoey.

También son referentes constantes la música, los iconos culturales y los movimientos sociales que acontecen en los lugares en los que me encuentro: Rebel Heart, de Madonna, dio título a una exposición individual en la galería Espacio Líquido, que tomaba como punto de partida las protestas contra la controvertida Ley de Extradición en Hong Kong el verano pasado. Emotional Rescue, de los Rolling Stones, me sirvió para la instalación de flores de loto en Laboral Centro de Arte y Creación Industrial.

Sobre mi generación, la de los millennial –y, en este caso, voy a «barrer para casa»–, destacaría la importante labor de comisariado de Semíramis González y Natalia Alonso. Por otro lado, y en mi opinión, Amalia Ulman es la reina del performance digital con su obra «Excellences and Perfection», y María Castellanos, con sus hibridaciones entre cyborgs y wearables ampliando las capacidades sensoriales humanas, es lo más potente en nuevas tecnologías.

«Me quiere, no me quiere» – N. I. B.

Qué se trae ahora entre manos. Estoy haciendo rosas de porcelana negras y amarillas, mientras pienso cómo se establecen las relaciones emocionales a través de las redes sociales en estos momentos donde la presencia corporal no está permitida.

Las relaciones analógicas requieren una figura física y cierto nivel de compromiso. La red, sin embargo, presenta una matriz que, en lo que dura un clic, conecta y desconecta. Son vínculos de fácil acceso y salida. Esta es probablemente una de sus mayores ventajas: uno siempre puede oprimir la tecla «delete» y seguir acumulando nuevas versiones mejoradas que aparecen de inmediato.

También estoy centrada en una exposición en el museo virtual de la colección MIA Anywhere, de Alejandra Castro Rioseco. Es la primera vez que muestro mi trabajo en este formato y creo que tiene muchas posibilidades, sobre todo teniendo en cuenta la situación actual.

Detalle de «Summer Boyfriend» (2013) – N. I. B.

Proyecto favorito hasta el momento. Quarantine, sin duda, una profética aportación a la situación actual que hice en 2019 mientras todavía vivía en Taiwán. Se trataba de una investigación performativa sobre los patrones de comportamiento emocional dictados por el uso de plataformas geosociales como Tinder.

La aplicación está considerada como una de las más importantes del mercado digital, permitiendo la comunicación entre personas en base a sus preferencias para chatear y concretar citas o encuentros.

Sobre este contexto, abrí un perfil que me permitió concertar 40 citas, una cada día, con 40 usuarios diferentes. Finalizada la cuarentena, cerré el perfil y eliminé la aplicación del teléfono.

Fue un proyecto bastante intenso que requería de una implicación emocional máxima. Cuando estás en Tinder, experimentas una aparente sensación de libertad sin fin promovida por la aplicación que va unida a un excesivo narcisismo. Esto genera un sistema escalonado donde el amor se plantea como objeto hedonista de fácil consumo, sin trascendencia ni transgresión.

Parecía que, en un contexto de posibilidades ilimitadas, no era posible el amor, y la única destreza que adquiría era la de terminar rápidamente para volver a empezar desde el principio. Finalmente, la instalación presentaba una serie de 40 máscaras de porcelana cocidas en cajas refractarias con carbón a 1.280 °C. Cada máscara es única y lleva en la parte de los respiraderos un trabajo floral muy delicado, hecho íntegramente a mano.

También le tengo especial cariño al Summer Boyfriend Wanted(Bristol, 2013), a He loves me, He loves me not (China,2017) y a Diao Ni (China, 2018), una interpretación del gato de la suerte japonés Maneki Neko.

«Quarantine» (2019) – N. I. B.

¿Por qué tenemos que confiar en ella? Creo que mi aportación se basa en la recuperación de técnicas tradicionales dentro del discurso contemporáneo. La cerámica, en términos generales, siempre ha estado más relacionada con las artes aplicadas, las artes decorativas y el diseño. Esta tendencia está cambiando y, actualmente, cada vez son más los artistas que incorporan este material en sus creaciones. La porcelana tiene un valor histórico milenario y es necesaria su presencia en los círculos contemporáneos.

Detalle de «Isolation» (2020)

¿Dónde se ve de aquí a un año? En Noruega. Estoy preparando una propuesta de investigación para entrar en el programa de doctorado de la universidad. Aunque la verdad que, en este momento, lo tengo bastante parado. Ahora mismo, con el confinamiento, me cuesta concentrarme a la hora de leer y escribir, así que muchas veces termino cerrando el ordenador y escuchando música o viendo Dirty Dancing: me gusta mucho la banda sonora, en el último mes la habré visto cinco veces, seguro.

«Quarantine» (2019)

¿A quién cedería el testigo de esta entrevista? A Amalia Ulman, una artista con gran repercusión internacional y con muy poca presencia nacional. A María Dolores Gallego, pintura expandida y técnicas textiles. A Usune Bravo, diseño de moda futurista. A Virginia Rivas, coincidimos como ponentes en las jornadas «La culpa de todo NO la tiene Yoko Ono» hace menos de un año, y tiene una obra pictórica muy pura. «Pinta la pintura», como diría uno de mis profesores griegos. A María Castellanos y a Elisa Cuesta, ya que es necesario dar más visibilidad a planteamientos que incorporen nuevas tecnologías en procesos artísticos.

Defínase en un trazo. Bueno, dibujo fatal… Desde siempre… Creo que lo que mejor me podría definir es un objeto, un mood ring, por ejemplo.

Texto publicado en la web de ABC Cultural el 6 de mayo de 2020

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