Preguntas con respuesta sobre ARCO 2020

Preguntas con respuesta sobre ARCO 2020

Maribel López, actual directora de ARCO (Foto: Ignacio Gil)

¿Qué podemos esperar de la nueva edición de la feria, la trigésimo novena? ¿Vendrá con polémica? ¿Le afectará el coronavirus? ¿Y el Brexit? ¿Tal vez las sentencias judiciales? Dudas que pueden asaltar a su visitante y a las que damos respuesta

1. ¿Se va a notar mucho la llegada de Maribel López a la dirección de la feria?

Cuando despertamos en ARCO’19 (edición de la que fue codirectora), Maribel López ya estaba allí. De hecho, lo estuvo mucho antes, como miembro del equipo de Carlos Urroz desde 2011. De forma que no, el pilotaje en solitario de la catalana no se va a notar. López admite que quiere que el suyo sea el ARCO de las «complicidades» y «los artistas», frente al ARCO para descubrir nuevos valores de su antecesor (intención, por otro lado, que no se olvida tampoco). Por ello, su propuesta sigue apostando por el formato de un único creador, como mucho dos, por estand (cerca del 40 por ciento del total este 2020); también por lo que se llama «proyectos de artistas» (hasta 39, esto es, pequeñas exposiciones de un único autor dentro de los espacios de las galerías); y por eso se crea este año un foro con artistas (Daniel Canogar, Jaume Plensa, Ignasi Aballí, Anthony McCall…), y visitas guiadas por la feria con ellos. López sí que aparca lo del país invitado, pero repite sectores comisariados (Diálogos y Opening) solo que con otros responsables (Agustín Pérez Rubio y Lucía Sanromán, en el primero caso; Tiago de Abreu Pinto y Övül Ö. Durmusoglu, en el segundo). Cambiarlo todo para que no cambie nada.

Una de las obras en Opening de la edición de ARCO de 2020
2. ¿Por fin una mujer en la dirección?

¡Error! En realidad, la feria madrileña solo ha tenido directoras, en una cadena en la que Carlos Urroz ha sido la excepción. Juana de Aizpuru le cedió el testigo a Rosina Gómez Baeza (la que más tiempo lo ostentó), que se lo traspasó a su vez a Lourdes Fernández, que se lo entregó a Urroz y que ahora recoge López. ¿Significa eso que esta feria ha estado más sensibilizada hacia la promoción del arte hecho por mujeres? ¡Segundo error! Baste con una declaraciones de la actual responsable: «La paridad está bien para la vida real, pero es difícil en una feria». La catalana matiza sus palabras alegando que son los y las galeristas los que ya vienen más sensibilizados al respecto y exhiben por sí solos el trabajo de autoras.

Juana de Aizpuru, primera directora de ARCO
3. ¿Ha desaparecido definitivamente el país invitado de los pabellones?

De momento, se aparca. Pero es muy probable que no. Básicamente, porque esto depende más de los intereses comerciales de Ifema que de los propios de ARCO, que nos ha descubierto interesantes panoramas artísticos extranjeros (como el colombiano), y otros que habría sido mejor no mentar (como el argentino o el finlandés). A ello se suma que los programas expositivos paralelos en la ciudad han recaido en los respectivos gobiernos invitados, que han aprovechado con mayor o menor gracia la ventana que se les brindaba (Así Perú, en 2019, se mostró más preocupado por enseñar su pasado histórico que su futuro artístico). López se arriesga a recuperar la idea de «concepto» tras el estrepitoso fracaso de «Futuro» en 2018. Quizás por eso, el nuevo ámbito comisariado se apoya en un autor incontestable, Felix Gonzalez-Torres (aunque sin mostrarlo), cuyas resonancias son buscadas en los 16 artistas de 13 galerías seleccionadas por Alejandro Cesarco y Mason Leaver-Yap (acompañados, no sin polémica, con Manuel Segade, director del CA2M) en un entorno específico diseñado por la arquitecta Ángela Juarranz.

Una de las obras del sector «It’s a matter of time», dedicada a Felix Gonzalez-Torres
4. ¿Apoya ARCO lo suficiente al arte español?

En la edición de 2020, ARCO contará con un 33 por ciento de galerías nacionales, una cifra, para su dirección, más que razonable. La rueda de prensa sirvió para dar a conocer el nombre de firmas que se regresan o se estrenan en Ifema: de Ángeles Baños (Badajoz), Cámara Oscura y Fernando Pradilla (Madrid), en el primer caso, a ArtNueve de Murcia, ATM de Gijón o Nordés de Santiago, en el segundo. Lo más remarcable de este listado es que se comienza a percibir cierta sensibilidad por parte del comité de selección por incluir propuestas de las mal llamadas «periferias», esto es, contextos que se las ven y se las desean en España lejos de centros como Madrid y Barcelona. ¿Que el programa paralelo que generan las instituciones madrileñas, en ausencia de país invitado, podría haber puesto el acento en programar a artistas o coleccionistas españoles? Pues también.

5.¿Estará exenta de polémica la presente edición?

Esta es la pregunta del millón, dado que la provocación en el arte depende siempre del ojo del que mira, más que de la intención del artista. ARCO e Ifema aprenden de los errores del pasado y reiteran su compromiso con las libertades de expresión y creación. Pero una sociedad con la piel tan fina como la nuestra no está exenta de irritarse con cualquier cuestión relativa a la raza, el sexo, la religión, la economía o la política que puedan plantear las obras de los más de 3.600 autores que incluye el catálogo de este año, integradas en las más de 200 galerías de la edición (crece el número ligeramente respecto a 2019). ¿Es provocativo un plátano por muy de Cattelan que sea? ¿Es arte? ¿Lo son los fuegos de artificio y pirotecnia? ¿Es mejor ver el vaso medio lleno o medio vacío? La pelota está en su tejado.

Obra de Eugenio Merino, un clásico de la polémica en ARCO, en el estand de ADN
6. ¿Cuánto cuesta este año la entrada?

40 euros. ¿Caro? ¿Barato? Ese es otro de los eternos debates anuales. Porque, 40 euros para alguien que se va a gastar 15.000 en una obra –y que probablemente entre invitado por su galería o por el programa de coleccionistas (500, este 2020)– no suponen nada… Lo que es un dineral para aquellos que no pisan una galería en doce meses (¡que además son gratis!), pero sienten la necesidad imperiosa de arrastrar el carrito del niño por los pasillos de Ifema llegado el fin de semana (algo que distingue a la feria española de la de cualquier otro país). Vayan preparando además otros 20 «lereles» si pretenden participar en las visitas guiadas acompañados de un artista que la feria pone en marcha este año. En cualquier caso, ARCO piensa en nuestra economía y hace física su iniciativa web #mecomprounaobra en el estand de Koyac, donde se pueden adquirir piezas por menos de 2.020 euros. Un guiño al año en curso (y a nuestros monederos). Los libros, en el sector ArsLibris, son otra opción si se quiere abandonar Ifema como un pequeño mecenas del arte.

7. ¿Cancelará el coronavirus esta edición?

La pregunta puede resultar tonta, pero teniendo en cuenta que ya lo ha hecho con Art Basel en Hong Kong (por razones obvias) y el Mobile en Barcelona (por la mala imagen que dejaría una edición sin grandes nombres), no está de más. De hecho, fue lo único que preocupó a los compañeros de la prensa (eso y el impacto económico de ARCO, algo con lo que Ifema se muestra siempre firme como la muralla china, negándose a dar datos) durante la presentación de sus contenidos. La respuesta de los organizadores, de redoble de tambor: «No se preocupen, que en Ifema ni habrá galerías chinas, ni artistas chinos, ni coleccionistas chinos». Lo primero que le viene a uno a la cabeza es un «y muy a nuestro pesar, sobre todo lo último». Lo segundo, que ya nos imaginamos un pin parental asiático en las puertas de los pabellones 7 y 9, porque esto es más difícil de controlar que el avance de la epidemia. Cierto es que en ARCO’20 no habrá galerías chinas. Las hay con sedes allí (como Hauser & Wirth, Perrotin o Continua). Y pensar que esta última no quiera traer algo de Ai Wewei es tan difícil como esperar que no haya ciudadanos orientales que quieran visitar la feria. Sean estos coleccionistas o no.

8. ¿Notará la cita la influencia del Brexit?

A esto es más fácil responder este año que en 2021. La UE y el Reino Unido se han dado de plazo hasta el 31 de diciembre para negociar los términos de su divorcio, lo que, en principio no debería afectar a la feria madrileña este febrero. Más preocupados están los británicos. Los que visitaron la última edición de Frieze Londres ya palparon el nerviosismo reinante entre sus expositores. Pero qué duda cabe de que la separación afectará a los impuestos que se paguen en aduana para meter y sacar obras en el continente en siguientes ediciones. Pero no nos alarmemos: pese a que el británico es el turista más numeroso en nuestro país, este sigue prefiriendo la costa a los pasillos de Ifema. Preocupémonos más por la inexistencia aún de un IVA armonizado en toda Europa para las obras de arte. Si entra en una galería española, este seguirá siendo del 21 por ciento.

9. ¿Es esta una edición de transición antes del 40 aniversario de ARCO en 2021?

Si pulsamos las señales que mandan los responsables de Ifema, así podría ser. Estos no cierran la puerta a que la expansión de la feria se limite solamente a su filial en Lisboa, que este año cumple cinco ediciones. De hecho, en su intención está resucitar una vieja idea, nunca del todo enterrada, que haría llegar la marca a Latinoamérica. La estrategia no sería tanto construir desde cero como «fagocitar», como se hizo en la capital portuguesa, alguna estructura ya existente. Y las ferias en Iberoamérica no es que pasen por su mejor momento. Todo apunta a que 2021 será el año de Chile, no sabemos si como país invitado o como anfitrión. Si se le pregunta a la directora al respecto, ella, cauta, responde que tiene su opinión. Vamos, que no le apetece nada de nada.

10. ¿Cómo se traducirá la última sentencia emitida por los tribunales sobre el sistema de selección de las galerías de la feria?

Regresa el problema del dinero público a ARCO, el de su naturaleza de feria publica o semipública. Hace un año, el Juzgado de Primera Instancia número 81 de Madrid consideraba que la feria actuaba (y actúa) de manera arbitraria en la selección de los galeristas participantes en cada edición. Lo hacía tras una demanda de la galería My Name’s Lolita Art de (Valencia y) Madrid, que denunció a la feria tras no ser admitida en 2016. Esta idea ahora es confirmada por la Audiencia Provincial Civil de Madrid, que tumba la apelación que realizó Ifema contra su sentencia.

Esta segunda deja aún más claro lo que señalaba la primera: que ARCO actúa «en contra de los principios de publicidad, concurrencia, transparencia, igualdad y no discriminación que deben presidir el proceso de selección de las galerías» que integran el salón, y mete bien el dedo en la llaga al afirmar, como declaraba el primer fallo, que viola unos principios de cumplimiento obligatorio en la contratación del sector público.  

Esa resolución resaltaba tres violaciones. La primera, que las galerías solo conocen la puntuación total que les asigna el comité organizador encargado del proceso de selección y, aunque lo soliciten, no pueden acceder a él de manera desglosada. La segunda, que se permite que los miembros de este comité mantengan conversaciones con «algunos» de los solicitantes y no con otros. Y la tercera, que algunas galerías son aceptadas automáticamente sin tener que solicitarlo y sin tener que pasar ningún filtro. La actual directora de la feria, Maribel López, ya tuvo que personarse en el juicio celebrado en octubre de 2018, dado que, por entonces, ella actuaba como secretaria de las deliberaciones de dicho comité de selección.

Ifema aún puede recurrir si lo desea a la sala de lo civil del Tribunal Supremo, y la dirección de la feria ya ha manifestado su deseo de hacer más transparentes los mecanismos de selección, proporcionando asimismo la información de las puntuaciones «desglosadas» a todas las galerías que lo soliciten: Sin embargo, y quizás por su naturaleza pública, estos deberían ser accesibles a todos los mortales.

Porque aquí radica la madre del cordero de todo el asunto: la feria madrileña no utiliza mecanismos de selección de galerías que no sean los mismos que emplea cualquier feria del mundo. El problema es que ARCO es la única feria del mundo en su naturaleza -y con cierto empaque- de capital público. El juez ha dejado bien claro que, en este sentido, no puede sentirse excluida de sus obligaciones legales, porque la contratación con los expositores, aunque sean contratos privados, debe regirse por los principios de contratación de la administración pública. A lo que se une su estupefacción y (falta de decoro) al descubrir que las galerías del comité se votan a sí mismas (y que se puntúan a sí mismas estupendamente).

Obviamente, todo esto tiene que tener consecuencias. Obligará a las galerías extranjeras del comité a tener un verdadero conocimiento de las nacionales, pues se les debería exigir una justificación de sus criterios de exclusión. Debería obligar a deliberaciones compartidas, no a votaciones individuales contabilizadas posteriormente por una maquinita. Obligará a razonar «desglosadamente» los resultados. También debería forzar a que los miembros del comité o no puedan ser arte y parte o, al menos, no se puedan votar a ellos mismos o entre ellos mismos. Y podría acabar con los espacios comisariados, donde los filtros son el criterio de un comisario y no una auditoria pública.   

Estancias de la galería My name’s Lolita Art en Madrid

Texto ampliado al publicado en ABC Cultural el 22 de febrero de 2020. Nº 1413 

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