Ángel Bados, Premio Nacional de Artes Plásticas 2018

Ángel Bados: «Mi premio Nacional de Artes Plásticas es un homenaje a todos los artistas que no lo recibieron»

El galardón, otorgado hoy por el Ministerio de Cultura y Deporte, está dotado con 30.000 euros. El escultor navarro lo acepta «como recuerdo de todos aquellos compañeros y alumnos, algunos ausentes ya, que también lo merecieron»

Obra de Bados de la muestra “Para ambos lados de la frontera”, en Carreras Múgica

El escultor y profesor navarro Ángel Bados (1945) ha sido galardonado hoy con el premio Nacional de Artes Plásticas 2018, dotado con 30.000 euros y concedido por el Ministerio de Cultura y Deporte.

El jurado del premio que ha fallado esta mañana el galardón en Madrid, ha estado formado por la artista ganadora de la pasada edición, Ángela de la Cruz, la catedrática de arte contemporáneo Estrella de Diego, la comisaria de exposiciones Blanca de la Torrey la directora de actividades de la Laboral de Gijón, Karin Ohlenschlager. También por el director del MACBA, Ferran Barenblit, y los críticos Javier García Montes y Ángel Calvo Ulloa. Ha estado presidido por Román Fernández-Baca, director general de Bellas Artes y Patrimonio Cultural, mientras que como vicepresidenta ha actuado Begoña Torres, subdirectora general de Promoción de las Bellas Artes.

Encuadrado dentro del grupo de la «nueva escultura vasca», sus referentes artísticos se encuentran en el pensamiento y la obra de Joseph Beuys y el también navarro Jorge Oteiza. Tras estudiar en Madrid y su paso por Pamplona como profesor, su llegada a Bilbao en los ochenta le permitió el encuentro con un grupo de artistas (Txomin Badiola, Juan Luis Moraza, Marisa Fernández y Pello Irazu) con los que compartió conceptos e ideas que han marcado el devenir de su obra.

Ángel Bados. Cortesía de la galería Moisés Pérez de Albéniz

Bados, que contesta al teléfono, se siente abrumado con la concesión del premio. En declaraciones a ABC admite no entender los galardones «más allá que en su condición simbólica» (en varias ocasiones ha rechazado el Gure Artea): «Son la valoración de un jurado», sentencia. El escultor reconoce que todo premio tiene «algo de injusto»: «La del artista es una profesión que se hace a tiempo completo, sin vacaciones, sin sueldo fijo, y sin nadie a quien poder pedirle cuentas». Con esta idea, el navarro asume el Premio Nacional de Artes Plásticas de 2018 como «recuerdo a todos los compañeros, todos los alumnos, algunos de los cuales ya no están entre nosotros, y que también se lo merecieron. Yo lo acepto en su nombre».

De esta manera, Bados acepta un premio que ha estado rodeado de cierta polémica en lo que a la composición de su jurado se refiere, con la sustitución en las últimas semanas de tres de sus miembros: el crítico Miguel Cereceda, la comisaria Virginia Torrente y el director del IVAM José Miguel G. Cortés. El propio artista reconoce haber seguido las noticias «lo justo», lo que darle el visto bueno le supone «una pequeña catástrofe personal»: «Yo estoy más tranquilo en mi lugar de trabajo, si le soy sincero. Pero asumo la contradicción, en nombre de mis compañeros».

«Yo estoy más tranquilo en mi lugar de trabajo, si le soy sincero. Pero asumo la contradicción en forma de Premio, en nombre de mis compañeros»

El jurado, en su acta final, justifica su elección en «su trayectoria coherente, sostenida y de excelente calidad en el campo de la escultura, donde se pone de manifiesto una extraordinaria capacidad de conjugar tradición e innovaciones». También le reconoce su actividad como «referente y aglutinador» de un contexto artístico que es fundamental para entender las dinámicas de cambio y desarrollo de las últimas décadas en España, así como «sus relevantes aportaciones a la teoría y la enseñanza artística». Preguntado él mismo por las razones por las que cree que sus miembros se han fijado en él, no acierta a señalarlas: «Yo espero que sirva para poner el acento en todas esas cuestiones en el sector, como nuestra relación con Hacienda, que aún se tienen que arreglar y mejorar».

“Levemente” (1987), obra de Bados de la colección de MACBA

Quien sí que lo tiene más claro es su galerista en Madrid, Moisés Pérez de Albéniz, que fue además uno de sus alumnos: «Estoy muy contento por él porque Bados es un artista muy respetado por el sector artístico, pese a que él siempre ha preferido mantenerse lejos del “stablishment”. Es un hombre de una generosidad absoluta, que ha dedicado toda la vida a la docencia, que, pese a que se jubiló hace un par de años, sigue muy vinculado a los alumnos. También ha sido un artista que ha expuesto de forma muy puntual. Nosotros presentamos su obra en nuestra sede, ya aquí en la capital, en 2013, después de que llevara 17 años sin exponer». En la actualidad, la galería trabaja para volver a mostrar su labor la próxima temporada. Una de sus últimas coparecencias públicas fue la individual «Para ambos lados de la frontera», en la galería Carreras Múgica de Bilbao (2017), que también lo representa.

Según su galerista en Madrid, Moisés Pérez de Albéniz, Bados es «un artista muy respetado por el sector artístico, pese a que él siempre ha preferido mantenerse lejos del “stablishment”»

Para el crítico Fernando Castro Flórez, Bados es «un heterodoxo académico, un artista tremendamente reflexivo, en épocas casi secreto, entregado durante años a la docencia; inclasificable y, al tiempo, cercano a planteamientos del conceptual, el post-minimalismo o incluso el “povera”»: «Se le considera, con razón, uno de los artistas decisivos de aquella generación que fue calificada como “joven escultura vasca”. Sin duda, es uno de los que retomó el propósito experimental de Jorge Oteiza, en diálogo con compañeros de travesía como Badiola o Juan Luis Moraza. Convirtió Arteleku en lugar decisivo para la producción artística y el debate estético en San Sebastián».

Para Castro Flórez, el navarro es un «sujeto intermedio» ente el alto-modernismo conceptual (participó en la importante exposición «Fuera de Formato», organizada por Teresa Camps, Concha Jerez y Nacho Criado en el Centro Cultural de la Villa de Madrid) y las derivas postmodernas. «A comienzos del siglo XXI daba la impresión de que estaba “retirado” o, por lo menos, no realizaba exposiciones que pudieran dar cuenta de su indagación escultórica. Pero en los últimos años ha vuelto a la arena expositiva y ha demostrado que seguía entregado a su “heterodoxia”: Esculturas con trozos de cartón y colocadas en el suelo; piezas de vidrio con cinta de embalar; presencias nada monumentales que concuerdan con su aparente timidez; objetos que nos obligan a bajar la mirada, acaso a huir de toda pretenciosidad», prosigue. En su opinión, el premio Nacional de Artes Plásticas que hoy recibe arroja luz sobre «una generación de escultores espléndida y renovadora, pero, sobre todo, homenajea a un artista lúcido y arriesgado, meditativo y capaz de generar obras de una anómala elegancia».

“Caeza I” (2012)

El trabajo escultórico de Bados ha estado siempre muy conectado con su vocación docente desarrollada en la Facultad de Bellas Artes de Bilbao, un campo en el que ha destacado como figura esencial para varias generaciones de artistas.

Asimismo, estuvo al frente, junto a Txomin Badiola, de los cursos de escultura de Arteleku (1994-1998) en los que lograron dirigir y potenciar la obra de muchos artistas del País Vasco como Itziar Okariz o Sergio Prego (dos de nuestros próximos representantes en la Bienal de Venecia de 2019), así como Jon Mikel Euba o Ana Laura Aláez, entre otros. Él se convirtió para la crítica en un nexo fundamental entre Jorge Oteiza y la «Nueva escultura vasca», de la que es un referente esencial.

Texto ampliado del publicado en la sección de cultura de ABC el 19 de septiembre de 2018

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