Archivo Rastro. C arte C

Seguirle el rastro a 3.000 imágenes en la Universidad Complutense

La muestra «Archivo Rastro», proyecto para la Universidad Complutense, invita a diferentes artistas a sumergirse y dar una segunda vida a negativos encontrados en el mítico mercado madrileño

Detalle de uno de los puestos del rastro con las lonas de Xoubanova

Posiblemente, pocos mercados de pulgas tengan tanto encanto como el de Madrid. Hasta tal punto que se diferencia de los demás por poseer un nombre propio –el Rastro–, en alusión a los trazos (los rastros) que dibujaban con su sangre los animales que eran arrastrados desde los mataderos de la capital, que en el pasado se ubicaban en su actual emplazamiento.

Un Rastro –con todos sus rastros– que no solo a seducido a escritores (el último, Andrés Trapiello), sino también a artistas y comisarios. Aquí nace, sin ir más lejos, un peculiar archivo (también banco de imágenes) que en 2016 comenzaron a conformar Louis-Charles Tiar, Cati Bestard y Marta Sesé. Hasta ahí se desplazaban cada domingo (y lo siguen haciendo) para hacerse con los negativos fotográficos y las diapositivas de autores anónimos que ponía a su disposición el «gran almacén» que es este mercado popular al aire libre, con el que se puede escribir una Historia, otra y alternativa, de la fotografía en nuestro país.

Una de las aportaciones de Cristina de Middel

«Hay a quien le sorprende que nos interesemos por estos materiales, y no por fotografías en papel –explican sus propietarios–. Sin embargo, estos soportes también son interesantes porque cuentan con su propia historia, con sus propios “rastros”: ese polvo u hongos de algunos negativos; los rasguños de las diapositivias o los textos escritos en sus marcos. Hay que añadir además su grandísimo potencial, pues ofrecen la posibilidad de ampliar, de digitalizar sus contenidos, a lo que se suma que son materiales muchísimo más baratos a la hora de adquirirlos. Algunos nos los han regalado. Los comerciantes del Rastro le daban más importancia a las cajas que los contenían, algunas de las cuales escondían hasta 150 negativos. Si hubiéramos intentando comprar esas 150 imágenes positivadas en papel, la inversión habría sido mucho mayor», reparan.

En la actualidad, el Archivo Rastro de Tiar, Bestard y Sesé cuenta con más de 3.000 originales (escondidos en la habitación de uno de ellos, confiesan), de los que se han digitalizado casi la totalidad. Desde sus comienzos, a sus responsables les movió la inquietud de analizar qué ocurre cuando todo ese material, sin autor definido, y al que sus dueños le dan una lectura personal, es ofrecido como herramienta a los demás.

Obra de Felix R. Cid

Una buena respuesta a esa pregunta se la da ahora una exposición homónima, con sede en el espacio C Arte C, dependiente de la Universidad Complutense de Madrid, resultado de poner a disposición sus fondos a un nutrido grupo de artistas, no solo fotógrafos, seleccionados o bien por estar interesados en la idea de archivo, o bien porque trabajan con alguno o porque han llegado a generar los suyos propios.

Sus aproximaciones son tan heterogéneas como los contenidos de los materiales originales. Las hay, como las de Ferran Pla o la Premio Nacional de Fotografía Cristina de Middel que casi se realiza de forma tangencial. Esta última, con su humor habitual, selecciona cuatro imágenes para «ilustrarlas» y cuestionar así su sentido artístico. Otros, como Félix R. Cid se sirve absolutamente de todas, agrupándolas por su naturaleza en color o blanco y negro (esto es, clasificándolas en función de unos parámetros) y fusionando en una única pieza sus contenidos, dando pie a obras casi pictóricas.

Autores como Antonio M. Xoubanova apuestan por lo tridimensional. Con él se inicia el recorrido porque su propuesta es un guiño al origen de todo, generando un puesto del Rastro, que ahora entra en la sala, al imprimir las imágenes que le han interesado sobre las lonas que estos usan en su construcción. Algunas, de hecho, se utilizaron con ese fin durante los últimos dos meses en algunas paradas del mercadillo madrileño. O Cristina Mejías: Dos proyectores enfrentados disparan hasta 300 diapos sobre una misma superficie translúcida, lo que genera una reclasificación del archivo tan mecánica como descontrolada. Miguel Ángel Tornero o Rafa Doctor (conocido por su propio archivo de fotografía anónima) les acompañan en la cita.

Obra de Nicholas Callaway

Si la muestra recala en la Complutense es porque sus artífices ganaron la segunda convocatoria del programa de producción Conexiones, lo que les dio pie a, en un guiño a la institución que lo impulsa,  generar una segunda convocatoria dentro de la convocatoria para incluir a estudiantes de arte de escuelas y universidades de Madrid, que dialogan con su nómina de creadores más consagrados: «Eso ha permitido la entrada de Nicholas F. Callaway y Colectivo Pipol, y también constatar cómo las nuevas generaciones tienen una aproximación a lo digital más clara». Así, mientras el primero analiza el concepto de «serie» dentro del archivo, apuesta además por el vídeo o los gifs animados, mientras los segundos, con una veta igualmente instalativa, generan perfiles falsos de Instagram con imágenes del Rastro.

Uno de los falsos perfiles en Instagram de Colectivo Pipol

No es éste el primer experimento de estos comisarios con su conjunto. Ya en su día hicieron otra convocatoria desde la revista Madriz, que editan, solicitando imágenes del «Cielo» de la ciudad (de ahí el nombre de ese primer proyecto), y que acabó en un libro. Quizás sí el más ambicioso (que en verano llegará a Barcelona, donde Tiar está a punto de estrenarse como galerista), lo que invita a sus responsables a plantearse un montón preguntas: ¿Son compatible lo analógico con lo digital? Por descontado, dado que son dos palos de una misma Historia, la de la imagen y lo visual. ¿Es una cuestión de edad el que se apueste por formatos analógicos? Tal vez, como explican ellos mismos, es más una reacción a la aceleración resultado de un consumo masivo de imágenes digitales. «Nuestro archivo no parte de un impulso romántico por el soporte, aunque es inevitable que también se dé. Pero quizás, con 20 años menos, coleccionaríamos discos duros, como ya están haciendo algunos autores, porque nos sería algo más natural. Paradójicamente, para poder compartir los contenidos ha habido que digitalizarlos, y, gracias a las redes, podemos compartirlos». ¿Se podría abrir el asunto a otros mercadillos populares?: «El proyecto nació en Madrid y vincula a artistas “de” Madrid. Nos hemos resistido a incluir otros rastros porque no hemos encontrado una justificación para hacerlo». De momento, el conjunto sigue creciendo. Habrá que seguir su rastro. 

«Monsters for Animals», de Rafael Doctor
«Archivo Rastro» Colectiva. C Arte C. Madrid. Avenida Juan de Herrera, 2. Comisarios: Louis-Charles Tiar, Cati Bestard y Marta Sesé. Http://www.archivorastro.com/. Hasta el 10 de marzo

Texto ampliado del publicado en ABC Cultural el 19 de enero de 2019. Nº 1.361.

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