Barbara Muriel (artista)

 «La cicatriz es para mí un lugar de reconocimiento»

La abuela de Bárbara Muriel solía decir: «Mujer enferma, mujer eterna». Esa frase reúne algunas de las claves de su trabajo, que hace de la enfermedad, de la otredad, del feminismo, palanca de su proyecto artístico. Ese que «dará que hablar»

«Selfie» de Bárbara Muriel para «Darán que Hablar» – B. M.

Nombre completo: Bárbara G. F. Muriel. Lugar y fecha de nacimiento: Madrid, viernes 4 de diciembre de 1981, a las 13.45h.. Residencia actual: Madrid. Formación: Licenciada en Humanidades ( UAH. Premio de licenciatura). Máster en feminismo y género ( UCM). Máster en comunicación de moda (Vogue-UC3M). Diploma de Estudios Avanzados de Doctorado, Programa Literaturas Comparadas (UAH). Actualmente en fase de tesis dentro del Programa en Estudios Interdisciplinares de Género (UAH). Ocupación actual: artista e investigadora.

Qué le interesa. La Cicatriz, el cuerpo, la fragilidad, la identidad, la clínica… Parto de la reflexión sobre mi propio proceso corporal y biográfico para repensar la identidad desde otro lugar en el margen del ideal normativo y de la ficción de normalidad, poniendo en primera línea de tacto mi fragilidad para hacer de ella lugar de enunciación política. Me interesa problematizar la mirada y la corporalidad desde los feminismos, en la intersección de los discursos que las construyen, especialmente desde la Modernidad: seguir el trazo de sus genealogías, cuestionar la naturalización y desplazar los límites de las taxonomías.

«El jardín de las flores vivas» – B. M.

De dónde viene. Mi proyecto artístico emergió de una forma bastante imprevista. Aunque mi familia está muy vinculada al arte y a la moda, y me había pasado la vida dibujando y pintando, recuerdo que en aquel momento trabajaba en mi tesis, desde la teoría crítica feminista y la teoría «queer», cuando sentí que había algo en las experiencias trans que estaban interpelando a mi propia experiencia de inestabilidad.

Por entonces llevaba unos años diagnosticada de ciertos procesos neuroinmunes y autoinmunes, y vivía en una intermitencia corporal vertiginosa. Ni sana ni enferma, siendo las dos negaciones igual de ciertas, supe que para poder abordarme no bastaba con revisarme en mis relaciones desde el punto de vista del sexo/género/deseo. Había una intersección significativa que no había sabido ver. Y encontré un contexto.

«Aunque el arte no fuese ni una intención, ni un objetivo, lo cierto es que no lo he dejado de practicar nunca»

Era el año 2013 y entré en el programa «Somateca» del Museo Reina Sofía, dirigido por Paul B. Preciado. En aquel espacio enuncié por primera vez el proyecto «Esclerótica». En marzo de 2014 tuve ocasión de hacerlo público en el centro y, a los pocos meses, en septiembre, llegó mi primera exposición individual, «Esclerótica. Cartografía de cicatrices», en el Museo Cristóbal Gabarrón- Fundación Casa Pintada en Murcia.

Interesada en el discurso de la clínica y en sus tecnologías de producción de imágenes, para el desarrollo del proyecto recuperé del hospital el archivo de resonancias magnéticas de mi cabeza, con el objetivo de extraer esas secuencias de la mirada médico-diagnóstica e introducir un desplazamiento crítico. A partir de ahí, generé otro archivo –íntimo y disidente– con secciones de mi cerebro impresas en telas de algodón que fui interviniendo con hilo y que trabajé como autorretratos. En ellos no hay rostro ni rasgos físicos externos que puedan ser objeto de racialización o de sexualización. El juego de códigos visuales se desplaza en lo subcutáneo. Una cuestión de perspectiva que para mí constituye un ejercicio de desnudo.

«Me bordo en cicatrices», escribí para el fanzine «Barbaridades». Y esa sigue siendo la clave. La cicatriz como lugar de reconocimiento, como afectación creativa de la supervivencia y punto de fuga hacia una alianza de frágiles.

Detalle de «2. Flora Magnética. Hybrida (1)» – B. M.

Supo que se dedicaría al arte… En el momento en el que dejé de decirme que no y empecé a reconocer la práctica artística entre mis prácticas de vida. Crecí en una casa abiertamente creativa, donde libros, herramientas y materiales estaban a mi alcance de una forma atendida y generosa. Durante unos años me distancié, pero después el dibujo emergió de manera muy íntima y orgánica. Y aunque el arte no fuese ni una intención, ni un objetivo, lo cierto es que no he dejado de practicar.

«Tengo un proyecto muy querido atendiendo en un cajón. Es un equilibrio entre ilustración y escritura. En cuanto vuelvan meses serenos buscaré editorial»

No obstante creo que para cualquier práctica son necesarias unas condiciones de posibilidad. En mi caso, fue definitivo recibir la invitación a participar en dos exposiciones colectivas en Ciudad de México a principios de 2016. Ya había expuesto fuera, en una colectiva anterior en el CRASSH de Cambridge, pero México me dio un contrapunto muy estimulante. Al volver, entré en contacto con la galería Modus Operandi de Madrid y empezamos a trabajar en varias colectivas y en la feria JustMad. Al tiempo fui participando en otras colectivas y, de ahí, a mis proyectos en curso.

«Josephine»

¿Qué es lo más extraño que ha tenido que hacer en el arte para «sobrevivir»? En lo artístico, me han propuesto trabajar con imágenes clínicas de otras personas, que por ahora no he aceptado. También me han pedido trabajar con otras partes de mi cuerpo, como, por ejemplo, un brazo. Si pienso en los empleos que he ido encajando desde que empecé a estudiar, mi vida laboral parece de terrazo. A saber: de dependienta, azafata y vendedora de lencería a colaboradora en medios escritos, el Instituto de la Mujer, y proyectos de investigación y clases en la universidad.

«Hoja 1. Soy todo fibra» – B. M.

Su yo «virtual». Tardé, me resistí, pero terminé por abrirme perfil en Facebook y en Instagram. Por Instagram paseo con más asiduidad. Reconozco que es una herramienta de trabajo inmensa, que uso cual «flâneuse» en temas de arte, ilustración y diseño en general. También lo empleo para descubrir y seguir el trabajo de algunas personas, estar en contacto con otras… Con todo, me espeluzna en términos de privacidad y dinámica de consumo. Además no dejo de recordarme que, en cuanto a flujos de información, estamos a merced del algoritmo. Antes de pensar en las redes, hice una web: www.barbaramuriel.com. La mantengo, es sencilla y me funciona como referencia para facilitar contactos profesionales formales.

Por lo demás, como trabajo mucho tiempo sola y suelo tener los ojos y las manos ocupados, me gusta escuchar: la calle, una selección de música en bucle, conferencias y charlas, y los podcast «Sangre Fucsia», «Espíritu de Rock N Roll» y «The Great Women Artists». Otras veces pongo series y películas que no veo pero que escucho como radionovelas. Me gustaría organizar lecturas en voz alta con alguien de confianza y darle tregua a las plataformas digitales.

«Through»

Dónde está cuando no hace arte. Estoy con Somateca, que pasó de programa de estudios a plataforma de investigación y producción. Estuvimos trabajando unos años de forma colectiva e intensa. Entre algunos de los proyectos, editamos el fanzine «Barbaridades; organizamos las jornadas «crip-queer», intervinimos en las acciones públicas de la exposición «Un saber realmente útil», en el Museo Reina Sofía con «Acciones. cuerpos, narrativas y memorias”, y colaboramos con un capítulo en el libro «The Constituent Museum. Constellations of Knwoledge, Politics an Mediation. A Generator of Social Change» (Valiz, 2018)… Y tengo un proyecto muy querido atendiendo en un cajón. Es un equilibrio entre ilustración y escritura. En cuanto vuelvan meses serenos buscaré editorial.

«Silvestre. Rosa» (anverso y reverso) – B. M.

Le gustará si conoce a… Judith Butler, Louise Bourgeois, Virginia Woolf o Vogue. He recibido la influencia de fuentes muy heterogéneas, y tampoco jerarquizo. Puede resultarme maravillosa una silueta de McQueen o impactarme hasta la obsesión un pájaro muerto de Durero (acaba de ocurrirme en el Albertina); o hacer míos fragmentos de narrativa que descontextualizo, como unas frases de «Las olas», que terminé fundiendo en dibujos.

Por trazar un pequeño universo, añado a Sarah Moon, Egon Schiele, Dora Maar, Kiki Smith, Tracey Emin, Claude Cahun y Marcel Moore; Meret Oppenheim, Carol Rama, Francesca Woodman, Sophie Calle, Emilie Flöge o Helen Frankenthaler… Pero claro, la pintura del Quattrocento, los dibujos de Da Vinci… Y Bernini, el Surrealismo, la Secesión vienesa, retratos del XVIII y del XIX, y la pintura mural romana o la ilustración científica… Desde la inmediatez: Claire Tabouret y María Berrío.

Detalle de «Cartografía XIX. B.» – B. M.

Qué se trae ahora entre manos. Estoy concentrada en mi segunda exposición individual. Tendrá lugar a comienzos de la primavera, en Madrid, en la galería Modus Operandi. Hacia finales de mayo participaré en la Bienal de la ONCE, una gran colectiva que permanecerá hasta mitad de septiembre en CentroCentro.

Aunque por lo arduo y lentísimo del proceso de bordar a mano y por las condiciones que marca mi cuerpo, no tiendo a los formatos grandes, este otoño empecé a trabajar en mi nuevo taller, más espacioso. Y lo primero que hice fue sacar una manta usada de hospital que tenía reservada. Sigo bordando en ella y desde que la empecé, me viene a la mente mi abuela. «Mujer enferma, mujer eterna», decía. Seguramente ese termine por ser el título de la obra, una primera aproximación al arte clínico-sacro, esa confluencia, que me fascina, entre religión, género y clínica.

«Me han propuesto trabajar con imágenes clínicas de otras personas, lo que por ahora no he aceptado. También me han pedido hacerlo con otras partes de mi cuerpo, como un brazo»

Sigo profundizando también en la serie «Flora magnética», donde experimento con hibridaciones, entre botánicas y humanas, y donde a partir de mis resonancias de cerebro, me termino perdiendo en cuerpos de una delicada monstruosidad. Y he comenzado la revisión de algunas genealogías de diagnósticos neurológicos y psiquiátricos que conllevaron la institucionalización sistemática de mujeres en lugares como el Hospital de La Salpêtrière de París en el siglo XIX. Ahí se sitúan «Nést-ce pas, Josephine P.?» o mis «Danseuses fatiguées».

En lo formal, le presto mucha atención al estudio del color, y cuando hablo de «bordar» lo hago de una forma amplia. Trabajo el hilo a mano alzada, sin máquina, ni diseño previo, ni puntos tradicionales, dibujando y pintando con él, con tinta y acuarela, con tensión, textura y nudos. No me asusta rectificar, al contrario, me interesa el accidente, el error que deja de serlo en cuanto lo tomas como punto de partida del siguiente movimiento. Al girar las obras, se puede seguir en el reverso el movimiento de mi cuerpo, de las manos, ver con transparencia el registro del proceso, lo que ocurre mientras yo no estoy mirando.

Detalle de «Cartografía XIXB» – B. M.

Proyecto favorito hasta el momento. Soy de entrar con intensidad en los procesos y de algunos tengo recuerdos muy vivos. Me está resultando muy estimulante el trabajo de la manta, «Mujer enferma / Mujer eterna», por el material, la representación, la forma de solucionar el dibujo. También me hace sentir orgullosa pensar en el inicio del proyecto «Esclerótica», el trabajo de miniaturista en «El jardín de las flores vivas», y por la alegría del momento en que la cosí, «Flora Magnética. xHybrida (1)».

Siento un apego fuerte por uno de los primeros autorretratos: «Cartografía I». Se trata de un perfil abrazado por un collage de rosas inglesas muy lavadas. Corté las flores de la chaqueta de un pijama de mi madre de los años 90. Lo veo sin cerrar los ojos. Mi madre con el pijama desayunando de pie en la cocina, un sábado con mucha luz.

Detalle de «Cartografía I» – B. M.

¿Por qué tenemos que confiar en ella? De los ojos que se aproximen a mi trabajo no puedo anticipar apenas. Sé que para mí ha sido un proceso intrincado y valioso encontrar ese lugar en el que situarme y desde el que dibujar mi relato, mi ficción. He aceptado que la expresión artística es parte de mi forma de discurrir, y he aceptado también que, por el afán de resistir, de comprender y de responder ante lo que ocurre, es una de mis prácticas de vida.

De las artes me fascina su potencia para propiciar imaginarios y dilatar las posibilidades de existencia. Tienen la capacidad inmensa de interpelar y de acercar subjetividades. ¡Y es tan absolutamente emocionante ese tránsito! Yo busco dejarme afectar, permitirme la inmersión y perderme. Me seduce lo falible, lo frágil, la inminencia, el juego de inversión, la estabilidad que vibra. Ese pellizco doloroso a través de la belleza. «Puntas de alfiler entre las flores»; a ellas les cantaba Christina Rosenvinge. Eso me emociona, me intriga y me sostiene. Eso, y la delicadeza.

Detalle de «Cartografía II» – B. M.

¿Dónde se ve de aquí a un año? No miro tan lejos. En este instante estoy sumergida en una producción material grande que me sujeta fuerte. Y, en lo personal, no me importaría que el tiempo pasase con menos prisa.

Imagino que de aquí a un año me proyecto de una forma parecida, deseando la calma y trabajando en el taller. La verdad es que nunca habría podido prever las mejores invitaciones que he recibido hasta ahora, así que voy a darle margen.

¿A quién cedería el testigo de esta entrevista? A Laura Salguero. Por sus híbridos, sus prótesis y sus gabinetes de anomalías.

Defínase en un trazo.

Texto publicado el 12 de enero de 2020 en la web de ABC Cultural 

 

 

 

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