Forensic Architecture (MACBA)

«Forensic Architecture demuestra que el concepto de verdad es frágil y colectivo»

El MACBAse convierte en contenedor de los proyectos investigativos de Forensic Architecture, colectivo que se sirve de la arquitectura como método desde el que incidir en la salvaguarda de los derechos humanos y la resolución de conflictos

¿Puede la arquitectura convertirse en herramienta desde la que incidir en los conflictos de la contemporáneidad? En 2010, el equipo capitaneado por el investigador israelí Eyal Weizman desde la Goldsmiths University intentó contestar a esta pregunta haciendo acopio de lo que se conoce como «arquitectura forense», en la que la disciplina pone sus metodologías y recursos estéticos al servicio de causas sociales y ecologistas. El MACBA, en Barcelona, reúne en una exposición los resultados de sus investigaciones más sonoras, que, en algunos casos, han sido empleadas como pruebas ante tribunales internacionales.

La primera pregunta es obligada. ¿Qué es Forensic Architecture?

Forensic Architecture (FA) es una agencia de investigación de arquitectura compuesta por arquitectos, artistas, cineastas, periodistas y abogados fundada por Eyal Weizman en 2010. Tiene su sede en Goldsmiths, en la Universidad de Londres, y lo que pretende es construir pruebas espaciales que luego son presentadas en el contexto del conflicto urbano…

¿Conflicto urbano?

Sí, esas situaciones propias de nuestra contemporaneidad que abarcan desde guerras a abusos de derechos humanos e incluso acciones de violencia ambiental, porque hay muchos tipos de violencia. Lo que haría FA sería reunir archivos de pruebas sobre esos conflictos creando nuevas metodologías de análisis como una manera de intervenir políticamente en el terreno de los derechos humanos.

¿Podríamos decir que es un colectivo estable o muta en función del caso de estudio que se propone?

No es que para cada proyecto se armen diferentes equipos, pero sí que, como en cualquier otra disciplina, se puede llegar a contratar a más gente para apoyar a un equipo ya constituido.

¿Qué es lo que pone en marcha una agencia como esta?

FA nace para extender el papel de la arquitectura en el escenario del conflicto urbano, de forma que la disciplina no se establezca tan solo como un telón de fondo sobre el que suceden todo tipo de violencias, sino que esta funcione como agente activo en tanto y en cuanto la materia urbana, el entorno construido, es soporte sobre el que se inscriben los hechos violentos.

Quizás lo que pueda resultar más difícil de entender al lector medio es cómo la arquitectura puede utilizarse como herramienta para defender los derechos humanos vulnerados.

Si uno lanza un misil contra una vivienda, la estructura registra ese impacto. Se pueden utilizar todos esos datos visibles e invisibles a través de una serie de herramientas óptimas, no solo teóricas, sino también metodológicas, como la animación o el modelado en 3-D, para dar pie a todo tipo de pruebas, que pueden también nacer de testimonios de personas, que son recreados, o que quedan registrados a la par que transcurren gracias a los medios digitales. Es decir, cada vez que hoy sucede un conflicto, son cientos las personas que emplean sus móviles para registrar con fotos o vídeos lo que está sucediendo. FA trabaja con todas esas pruebas y, mediante sistemas de representación arquitectónica, los compone estableciendo entre ellas relaciones espacio-temporales para poder reconstruir hechos y generar un nuevo concepto de verdad como proyecto frágil, colectivo y de ardua reconstrucción. Se trata de aprender a mirar las imágenes, a relacionarlas, a tener en cuenta las que llegan de un satélite o han sido generadas por un ciudadano, conjugarlas con testimonios…

Supongo que cuando uno inicia un proyecto como este no es consciente de su alcance.

Por supuesto. Muchas de las investigaciones que hemos llevado a cabo son peticiones de ONGs, comisiones para la verdad… El trabajo ha sido incluso utilizado para intervenir jurídicamente presentando pruebas espaciales en juicios, lo que demuestra lo mucho que tienen que aportar las culturas visuales.

¿Qué o quién activa una investigación de FA? En otras palabras, ¿para quién trabaja FA?

FA siempre responderá a las víctimas, las de todo tipo de abusos.

Eso responde a la segunda parte de la pregunta.

El nacimiento de la práctica tiene que ver con que suelen ser los gobiernos y las corporaciones, los que cometen los grandes abusos. La de FA es una práctica “contraforense” en el sentido en que empondera al ciudadano y demuestra que este puede llevar al gobierno o a la corporación a juicio; que no es exclusiva de un gobierno la función de vigilancia.

¿A qué se refiere el “forense” del nombre del grupo?

La nuestra es una disciplina dentro de la arquitectura que se encarga de analizar las edificaciones cuando estas fallan. Eso por un lado, pero también hay que acudir al significado etimológico del término “forense” (forensis) como lo relativo a lo que ocurre en el foro romano. Y el foro romano era el escenario en el que las personas entraban en el debate. Sin embargo, con el paso del tiempo la palabra se fue desprendiendo de este significado que remite a “diálogo” y se empieza a circunscribir al ámbito de la ciencia, y más concretamente a la acción de los Estados y de sus policías. Nos reapropiamos del significado original, porque solo entre todos podremos construir un nuevo concepto de verdad.

Apuntaba que algunas de sus conclusiones han llegado a ser utilizadas como pruebas en tribunales internacionales. Sin embargo, algunas legislaciones nacionales son muy precisas sobre la manera de recavar información. ¿Cómo sortean estas dificultades?

Lo que hay que tener en cuenta es que muchos de esos tribunales o foros donde desarrollar estas cuestiones no existen antes de que se comentan los crímenes. Se constituyen después de recabar las pruebas. Lo que FA piensa es que cuando una vía judicial se agota es necesario crear nuevos foros públicos para poder exponer esas conclusiones.

La exposición del MACBA ilustra su práctica, subraya sus orígenes, su historia, sus logros, su potencial y sus dificultades y limitaciones. ¿Qué van a mostrar en Barcelona?

La primera sala que ocupa la exposición es la que hemos titulado “Proposición”. Allí se delimita el marco histórico y teórico de la arquitectura forense como disciplina. Se detallan los principios, los métodos, sus conceptos, que luego son asumidos por la agencia homónima que representamos. También tenemos en cuenta las contradicciones de este tipo de discurso.

¿Cuáles serían?

Por ejemplo, entender que la verdad a la que quiere llegar un colectivo como el nuestro no es la verdad positivista, objetiva y pasiva, en la que uno como investigador no llega a la investigación de forma neutra o sin convicciones sociales y políticas claras. El investigador de FA no es un tipo desinteresado. Es un activista, un ser comprometido.

¿Y las limitaciones?

Que muy a menudo somos investigadores que no podemos entrar en persona en los lugares sobre los que investigamos, como la Franja de Gaza. Nosotros lo hacemos a través de testimonios y de imágenes recogidas por otros.

Continuemos el recorrido.

En la siguiente sala, “Investigaciones”, presentamos una serie de casos recientes realizados por AF y sus colaboradores ubicados en el espacio en función de su escala y con los datos de la metodología empleada y los agentes implicados. Comenzamos con la escala corporal y la exhumación de Josef Mengele, que, además de dar inicio al giro forense a medidados de los ochenta, es también la puesta en marcha de la técnica denominada “cara-cráneo”, basada en cómo sobre los huesos de un individuo también queda escrita su biografía. Eso dio pie a que naciera el grupo argentino de arquitectura forense.

De ahí se pasaría a la escala de una habitación, en el análisis de un ataque estadounidense con drones en Waziristán (Pakistán), donde estuvo vetado el acceso a las cámaras o los móviles. Eso significa que no hay información de lo que sucedió. Sin embargo, sí que pudimos acceder a un vídeo de 43 segundos en el que se ve a una persona filmar desde el marco de una ventana una edificación en ruinas. La metodología empleada entonces fue la del “umbral de detectabilidad”. Para entenderlo mejor hay que tener en cuenta que las imágenes de satélites disponibles están degradadas en una resolución en la que un píxel representa 50 centímetros de la escala real. Cincuenta centímetros de lado es la superficie que ocupa un cuerpo humano, así está regulado. Pero también 50 centímetros de lado es la huella que deja un dron cuando atraviesa una superficie. Cuando uno analiza una imagen tomada por un satélite, la huella que deja un dron es indetectable por el ojo humano, precisamente por estar por debajo del “umbral de detectabilidad”. Ahí comienza la investigación, porque, a partir de la deconstrucción del vídeo de 43 segundos, obtenemos muchas imágenes fijas con las que con un paneo se puede reconstruir el interior de la sala y con las que se pueden crear maquetas en 3-D . Con ellas y después de analizar el tejido urbano, la zona donde estaba el edificio, se puede establecer su localización exacta. Marcando los puntos precisos donde la carga del misil explota se pudo determinar que una silueta humana absorbió la carga, ya que esos misiles están programados para explotar unos segundos después de atravesar un muro y garantizarse así que se aniquila todo lo que hay dentro.

Comprobamos que la escala va creciendo…

Pasamos a la del edificio: Junto a Amnistía Internacional, en Siria, se analizó un centro penitenciario y de tortura, el de Saydnaya, del que sólo existía una imagen satélite aérea, pero ninguna de su interior. Los ex presos eran encarcelados en condiciones en la que no se les dejaba hablar ni ver. Tuvieron que aprender a escuchar. Y con sus declaraciones se intentó reconstruir sus interiores, a través de las técnicas de modelaje 3-D.

El caso que sigue, Aníbal en Rafah, se ocupa de un día en el conflicto entre Israel y Palestina. El elemento que facilitaba esta investigación era una imagen satélite que capturaba las bombas que se tiraron un supuesto día de alto al fuego. El Protocolo Aníbal de la fuerza israelí permite el fuego indiscriminado cuando se rompe un alto al fuego. El informe intenta demostrar que, con tal de no negociar la vida de un soldado supuestamente capturado por Hammas para evitar la liberación de rehenes palestinos, la fuerza armada israelí decidió matar a su propio soldado. Cerca de 7.000 imágenes móviles de civiles registraron también la acción que reproduce la captura del satélite. El elemento común de todas las imágenes eran las columnas de humo de los bombardeos. Su estructura morfológica siempre es única en cada momento, pero se pudo investigar, realizar asociaciones espacio-temporales y reconstruir la historia completa de ese día.

Nos acercamos al final.

Entramos en la escala planetaria, en “Forensic Oceanography”, de Charles Heller y Lorenzo Pezzani, dando a entender que el mar es una superficie en la que es difícil rastrear las huellas de violencia porque está siempre en movimiento, pero las corrientes no terminan de borrar estos hechos. Además, los océanos plantean otro problema, que es el de jurisdicción y la responsabilidad de recoger los botes de los inmigrantes. Este sector de la muestra recoge los dos supuestos. Let to die boat analiza un barco en particular, con más de 40 migrantes que no fueron rescatados debidamente. Aquí lo que se hizo fue tomar testimonio a alguno de los supervivientes. Por su parte, en Liquid Traces se aalizan cómo las políticas de no asistencia son herramientas de los Estados para evitar responsabilidades.

Una de las investigaciones en curso que ofrecemos tiene que ver con el desplazamiento de beduinos en el desierto de Néguev, en Palestina, lo que ha ocurrido más de cien veces, mientras ellos se obstinan en reconstruir las casas que les son demolidas. Hay imágenes satélite que muestran el asentamiento de beduinos incluso antes del asentamiento de Israel. FA vuelve cada par de meses para sacar fotos desde globos porque ya no se hacen imágenes satelitales del desierto. Allí se constituyó una comisión para la verdad en 2015 a la que se invitó a los beduinos para que mostraran sus pruebas, sus documentos, sus títulos de propiedad que demuestran la auténtica posesión de esas tierras. La memoria fotográfica de la demolición y reconstrucción de esos asentamientos queda también plasmado en uno de los muros.

¿Cómo concluye la exposición?

La última sala es la que dedicamos a los centros de naturaleza contemporánea. Porque la Naturaleza ya no es un telón de fondo, neutro, sobre le que suceden hechos violentos, sino que es además un sujeto violentado como lo son las personas. Planteamos que si el Centro Cultural fue la institución paradigmática del siglo XX para crear memoria, el siglo XXI requiere de unos centros específicos en los que reflexionar sobre la Naturaleza. El último sector de la muestra se centra pues en determinados “ecocidios” en la línea de los Trópicos, casos en Indonesia, en Guatemala y Brasil, con la exterminación de determinados pueblos indígenas; en Colombia, con la exterminación de la planta de coca… Y si la exhibición comienza con la calavera de Mengele, finaliza con la de un orangután, un caso de ecocidio en Indonesia que FA está analizando junto a Baltasar Garzón, con el que daremos una conferencia inaugural. Al no haber como sujeto una persona de la que se violan sus derechos, la figura del orangután simboliza a esa persona no humana, un sujeto con derechos. Esto está en relación con el caso de Sandra, otra orangutana en Argentina a la que se le solicitó un habeas corpus para determinar si estaba sujeta a derechos, o que plantea el tema de los límites de lo humano, y comprender si los animales son portadores de derechos.

La muestra hace autocrítica e incluye los ataques que ha recibido la disciplina y la organización.

El año pasado, en una entrevista a Bashar al-Ásad se le preguntaba por nuestro informe sobre la prisión de Saydnaya, y él lo niega, atacando que Amnistia Internacional estaba siendo financiada por determinados gobiernos internacionales como Qatar. Nosotros la incluimos, y marcamos con rojo cada vez que al-Ásad dice una mentira.

¿Por qué estos casos son los que se ofrecen al público de todos los desarrollados pos FA?

Son un buen termómetro político del mundo en el que vivimos hoy, y también se refieren a información sobre asuntos de los que estamos acostumbrados a leer en los periódicos. Hay en ellos una afinidad geográfica, socio-política de esta era en la que vivimos y a la que hemos definido como de la posverdad y de los hechos alternativos.

Eyal Weizman, inspirador de Forensic Architecture

¿Por qué lo suyo no es arte político?

Esta es siempre una pregunta complicada. Habría que analizar cómo han sido movilizados históricamente el arte político o el arte que se rodea de la defensa de los derechos humanos para generar compasión o usarlo como “display” en centros de derechos humanos. Nosotros intentamos entender el potencial de determinadas prácticas estéticas e intensificar el proceso investigativo a través de la estética. No hay una intención de mera documentación o de crear un objeto destinado a la especulación monetaria. Y el fin de la práctica de FA no es el museo. No somos arte político porque no usamos el arte para reflexionar sobre política.

¿Qué hacen entonces ustedes en el MACBA?

Entendemos como la Historia del museo lo es del ver y del “display” (presentación). Y lo que hace FA es entender, o intentarlo, modos de mirar, modos de comunicar estéticamente. El museo, además, es otro tipo de foro, un espacio público, de debate. Y sobre todo, un ámbito para el ensayo, para practicar nuevas formas de mirar y de componer. Esta muestra, por ejemplo, ha sido concebida conceptualmente llevando sus contenidos a la proporción del sistema de medición del papel DIN-A, porque es el formato estándar en el que se realizan las órdenes ejecutivas, los comunicados de prensa, los memos, los documentos… lo que lo rodea de un peso burocrático. La propuesta se organiza en un display que así mismo reflexiona sobre la propia estética de los procesos investigativos.

¿Qué han ido aprendiendo de su comparecencia en otros museos anteriormente?

Siempre se aprende. Y lo más evidente es que toda exhibición debe realzar la estética investigativa que propone. Podemos responder con un ejemplo: en el caso de la reconstrucción del ataque con drones, posiblemente sería mucho más difícil presentar las conclusiones de un proyecto así, reconstruido en alguna ocasión en una maqueta escala 1:1, si no fuera en el contexto de un museo. Citas como esta nos han enseñado también a nosotros otras formas de mirar, de prestar atención a las imágenes. El museo no aporta tanto contexto a la veracidad como a la verosimilitud de aquello que se quiere decir. Se crea de forma que todos podamos acceder a ese material y determinar también nuestra postura contra los hechos.

Luchan contra la propaganda institucional. ¿Por qué no son ustedes nueva propaganda?

La propaganda del siglo XX estaba destinada a construir hechos, no a documentarlos. Si no son propagandísticos los hechos que FA quiere reconstruir es porque generalmente tienen una naturaleza de violencia estatal, hechos que los estados deliberadamente ocultan, pero que de alguna manera quedan registrados en los edificios. Mediante el análisis de imágenes que circulan por redes sociales en zonas de conflicto se procura visibilizar esos actos de violencia estatal. Pero sobre todo no somos propaganda porque nuestro papel es exponer la propaganda de los Estados como tal, diferenciándola de información y de lo que se quiere entregar como “verdad”.

Aportan valor a los medios digitales y las redes sociales como fuentes informativas. ¿Cómo se contrastan estas informaciones? ¿Cómo saber que no son tan tendenciosos como los grandes medios?

Las informaciones son recibidas siempre de primera mano. Son fuentes que no han sido destiladas. Son los registros de ciudadanos, de sus teléfonos móviles. Eso tiene que ver con entender los tipos de fuente.

Pero eso es como pensar que todos los ciudadanos son bondadosos. Todo eso también es manipulable. Un recuerdo, de hecho, como los de los presos de la cárcel, se basa en sensaciones, no en hechos tangibles.

Todo el trabajo de FA tiene que ver con verificar las fuentes. Aunque sean 7.000 imágenes como en el caso de Rafah, a las que se le busca su lugar en la maqueta 3-D. Lo que hace el colectivo de forma constante es establecer relaciones espacio-temporales de todas sus fuentes y así se van verificando por sí mismas. Es lo que Eyal Weizman ha denominado en alguna ocasión como “complejo de imágenes”.

Vuelvo al ejemplo de la cárcel, de los recuerdos frente a los hechos. ¿Qué importa más la veracidad o la verosimilitud de sus propios resultados?

Volvemos al concepto de verdad, qué concepto de verdad es el que manejamos. La nuestra no es en absoluto positivista, sino una verdad que se construye. No queremos emular a la policía. Apostamos más por una “verdad en ruinas”, frágil. Incluso en las metodologías de la arquitectura forense hay un linaje teórico. Esto nos recuerda a la posición de Hannah Arendt en el juicio de Eichmann, que se colapsó a la hora de dar su testimonio sobre su paso por el campo de concentración. Sin embargo, en su incapacidad de dar un testimonio, ya está dando testimonio. Las lagunas en la memoria, o los hechos traumáticos, el trauma o la incapacidad de verbalizar, todo eso es una aportación válida en sí misma.

¿Qué casos son los que les tienen ocupados ahora?

Estamos desarrollando una investigación en México, sobre la que no podemos adelantar mucho más, junto con un caso neonazi en Alemania.

¿Tiene fecha de caducidad un proyecto como el suyo?

No. Conflictos hay y cada vez habrá más. Hay violaciones de derechos, abusos. Es importante entender que la agencia nace de la mano de un académico y un escritor. El grupo está construyendo teoría. Es cierto que no somos una ONG ni un organismo de derechos humanos.

¿Cómo se sostiene económicamente algo así?

Encargos. Contrataciones. A AF la contratan para desarrollar determinadas investigaciones. Y también con becas.

Texto ampliado del publicado en ABC Cultural  el 29 de abril de 2017

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