La Tullida Gallery

Madrid apuesta por el arte inclusivo con la presentación de La Tullida Gallery de Costa Badía

Costa Badía, artista y gestora cultural, ocupa mañana La Juan Gallery, en el primer asalto de lo que será La Tullida Gallery: un espacio plural en Madrid para atender las necesidades y el talento artístico de las personas con diversidad funcional

Costa Badía

No somos conscientes de hasta qué punto invisibilizamos a miembros de nuestra sociedad que conviven con nosotros por el mero hecho de ser distintos. Entre ellos están las personas con diversidad funcional, aquellas que quizás no tengan las mismas habilidades que las nuestras pero con las que el sistema traza una raya de separación por no seguir los cánones de la norma. En un mundo del arte como el español, basado en la precaridad, estos sujetos sufren incluso una doble (o hasta triple discriminación). Para intentar solventarlo de alguna manera, poniendo su granito de arena, la artista y también gestora Costa Badía pone en marcha desde mañana La Tullida Gallery en Madrid ocupando las instalaciones de la Juan Gallery (C/ Provisiones, 26), un espacio, por el momento itinerante y sin programación continuada, en el que el arte se convierte en puente entre personas con diversidad funcional o intelectual y todos los demás, tan imperfectos, tan llenos de defectos y virtudes, como ellos.

La Tullida Gallery va a ser un espacio de encuentro entre el arte y las personas con diversidad funcional. Debo empezar preguntándole qué significa este concepto.

Definirlo es complicado, y me obliga a remontarme a finales de los años 60, cuando en Estados Unidos, por un lado, los veteranos de guerra y, por otro, los universirtarios de la Universidad de Berkeley a los que hoy engloba esta categoría se plantean por qué ellos tienen que irse a vivir a un lugar «especial» en lugar de hacerlo con sus parejas o sus amigos en un piso compartido. Hasta ese momento el sistema consideraba que este tipo de personas debían recluirse en un sitio institucionalizado, acompañados de médicos 24 horas y enfermeros que les ayudaran en tareas básicas. Lo que ellos reivindican, pues, es llevar una vida como cualquier otro, solo que quizás con el apoyo de un asistente personal.

¿Cuál es el papel de esta figura?

Esta figura, que nace en ese momento, era alguien que te acompaña, que no necesariamente viene del ámbito de la sanidad, sobre todo porque no estás enfermo. Simplemente eres así. Quizás sordo, quizás que vas en silla de ruedas. Y además no te juzga: cuando dices que te quieres comer media tarta de chocolate, no te sermonea con si eso te va a sentar mal. O cuando decides que te quieres poner un pantalón a rayas y una camiseta de cuadros no te viene a explicar que eso te va a sentar fatal. Y volviendo a la pregunta, surge esta figura y surge la definición de «persona con diversidad funcional», porque todos los seres humanos somos diversos funcionales, a cada uno se nos da bien o mal una cosa, pero solo el sistema es el que reconoce un tipo de diversidad frente a otras. La que no está reconocida por el sistema es la que se autodenomina «diversidad funcional».

Y como el lenguaje a veces es tan importante, trata de erradicar definiciones del tipo «discapacidad» o «minusvalía», por usar las más benevolentes.

De hecho, es que minusvalido ya no se debería usar. Desde el año 2010, la legislación española reconoce el concepto «persona con discapacidad», aunque sigue apareciendo en los «certificados de minusvalía». Ese movimiento de vida independiente de finales de los sesenta que te mencionaba es el que se comienza a reivindicar. Y existen oficinas de vida independiente en diferentes puntos en España, como Barcelona o Madrid, donde vas tú si crees que necesitas ayuda para contratar a un asistente personal.

«Sopa de letras», de Costa Badía

Entonces, ¿qué va a ser La Tullida Gallery?

La Tullida Gallery surge dado el hecho de que las personas con diversidad funcional estamos completamente invisibilizadas. Te diría que no tenemos derecho ni a un trabajo digno, cualificado: solo entre el 3 y el 5 por ciento de las personas con diversidad emocional en España tienen estudios universitarios, y no digamos ya de postgrado o doctorados. El acceso a la cultura debe ser un derecho para todos, y no desde el punto de vista de la enfermedad, sino desde el que te dé la gana.

Yo quiero trabajar como artista desde mis circunstancias. Si tienes parálisis cerebral y te apetece pintar paisajes, hazlo. Tampoco es necesario que estés redundando en tu situación. Sí que es cierto que yo me siento más identificada como creadora con personas con diversidad funcional que trabajan con su diferencia. Pero eso es una cuestión personal. Para mí lo importante es que se hable de todas las diversidades. Porque al final nos fijamos solo en lo normativo. Y lo normativo es ser hombre, heterosexual, blanco, cis, guapo, musculoso y sano. Todo lo que se sale de eso es ser no normativo. Para mí es importante hablar de todas las diversidades, pero en especial de la que me toca más de cerca.

Acaba de señalarlo: El problema es que a veces, vinculado a las personas con diversidad funcional, solo pensamos en el arte como terapia y no como vía de expresión.

Desde luego. La Tullida Gallery huye del arteterapia, porque significa que tienes que usar el arte porque tú estás enfermito. No estoy en contra del arteterapia, pero el puente entre la diversidad funcional y el arte no puede ser solo este. Para mí esto es básico, como el hecho de que sea una persona con diversidad funcional, en este caso yo, la que «corte el bacalao», porque estoy ya cansada de esos espacios en los que quien dirige los programas de diversidad funcional, generalmente de arteterapia, no la tienen. Eso les lleva a actuar o desde el paternalismo o como si realizaran una obra de caridad. Luego se van a casa y siguen con su «normalidad». A mí me acompaña todo el día y allí donde vaya.

Y también me parecía importante que esto no sea un voluntariado, que se pague, que tenemos derecho a relacionarnos con artistas o personas que imparten talleres cualificados, y eso se tiene que remunerar. Huyo de las señoras jubiladas que dan clases sobre Velázquez o Goya. Hablando de esto me interesa mucho el arte realizado a partir de las vanguardias…

¿En qué sentido?

Porque es mucho más no normativo que el realizado anteriormente y eso da mucho más juego para las personas con diversidad funcional. El dadaísmo, por ejemplo, es muy interesante para los que tienen diversidad intelectual. Yo he dado clases en ese sentido.

Y supongo que se trata de no crear un nuevo gueto sino de construir algo que pone en valor.

Eso es. Queremos que La Tullida Gallery sea un espacio abierto. Yo veo que las personas normativas tienen como su círculo, y yo lo que pretendo es que ese círculo se abra y entre más gente. Y siempre desde la empatía. Entiendo que una persona normativa, en cuyo contexto no vive la diversidad funcional, se cierre a lo distinto, a lo nuevo. Esto nos llevaría también a hablar del «capacitismo»…

Hagámoslo.

El capacitismo es marginar a una persona por su capacidad, como el racismo o el machismo. Y hay muchísimos comportamientos capacitistas en la sociedad, e incluso «microcapacitismos», igual que hablamos de micromachismos, pero la gente no los percibe como tal e incluso si se los señalas se enfadan. Al final de lo que se trata es de que me dejes hacer mi vida, y si necesito ayuda ya te la pediré. Y ya te diré yo qué tipo de ayuda necesito.

Llevaba dos años dándole vueltas a la idea. ¿Por qué ahora es el momento?

Se me ocurrió porque yo no encontraba mi hueco. Yo estudié Bellas Artes, y si el mundo del arte ya es complicado de por sí, imagínate para una persona como yo. A eso se suma que en la facultad empiezo a hablar de mí y de lo que yo siento que me hace diferente. Esto es una derivada natural. El caso es que en el ámbito laboral lo que se nos ofrece es muy poco cualificado. Eso me frustraba: no podía trabajar en algo que tenía que ver con mi formación por mi diversidad, pero si me iba a trabajos que tenían que ver con la diversidad funcional estos eran poco cualificados y me hacían sentir una fracasada.

Por eso decidí convertir en valor lo que me hace diferente. También me animan las charlas con personas como yo, que me cuentan que no tienen acceso a eventos culturales, pues no están adaptados a personas sordas, ciegas, en sillas de ruedas… Por eso yo intento hacer un puente. Terminé la carrera en 2016, luego estudié el máster de educación artística en instituciones culturales porque me interesaba la educación no formal, en la que tampoco tenía hueco. Hablábamos todo el rato de Velázquez, de Goya…

«Flora magnética», de Bárbara Muriel

Y supongo que se hablaba de Goya sin tener en cuenta que ha sido el mayor artista con diversidad funcional que ha dado este país.

Así es. Él era sordo… Y luego está lo de relacionar realismo con belleza. Intenta buscar en lo feo algo interesante. Lo que yo quería era aprender cómo se le puede transmitir lo maravilloso que es el mundo del arte a gente con diversidad. Por ello acabé en el Hospital de Artistas de La Juan Gallery. Juan Gómez Alemán es uno de los que más me han apoyado y animado. Pero, ¿cómo hacer un proyecto sin un duro? Constituí una asocaciación, hace muy poquito, el 11 de junio, y ahora estamos con todo el papeleo, lo que menos me gusta y más nerviosa me pone. En el futuro me gustaría ponerme un sueldo y que La Tullida Gallery me contratara. Trabajar de esto. Es que no me veo en otro sitio.

Comienza como galería itinerante, pero, ¿es la idea tener sede estable?

Eso es. De momento no hay dinero, pero a mí me da mucha tranquilidad tener un espacio, porque en ese caso estaré segura de que es accesible. Pensamos que la accesibilidad es poner una rampa en la puerta, pero hay muchas otras cosas.

¿Cuáles?

Los baños adaptados. Desde el 3 de diciembre de 2017 es obligatorio que los espacios públicos sean accesibles, pero no debe de tener carácter retroactivo. Pensamos que nuestros museos son accesibles y no lo son: las cartelas están muy altas. También los cuadros. No se pueden leer en braille. Las vitrinas tendrían que estar inclinadas un 20 por ciento para que si vas en silla de ruedas puedas ver los contenidos, con cristales que no reflejen. Y las visitas guiadas que son accesibles también son residuales, basadas en los sentidos que no tenemos en lugar de aprovechar los que nos quedan. ¿Por qué no utilizamos el olfato? ¿O por qué pensamos que no se puede hablar de colores a un ciego? Ellos los asocian con texturas, sensaciones, olores… Diles que algo es rojo. Pueden entenderlo como algo áspero, por ejmplo, por su vivencia vital.

¿Cómo se presenta La Tullida Gallery mañana?

Mañana tomamos La Juan Gallery. Sus responsables han tenido el detalle de cedérnosla. Y es importante señalar que «la tomamos», porque a mí me hacía ilusión el hecho de ocuparla, aunque sea una tarde, y cambiarla de filosofía. Vamos a cambiar incluso el cartel. Vamos a hacer un coloquio entre Juan Isaac Silva, artista sordo, y Barbara Muriel, artista también con diversidad funcional. Loos tres tenemos en común que usamos como herramienta nuestra diversidad en nuestra obra. En el caso de Bárbara, como punto de partida, porque para ella es también importante hablar de feminismo, y aquí me podría extender porque el feminismo que se maneja en la calle no es inclusivo, no tiene en cuenta a las mujeres con diversidad funcional. Silva es un creador gaditano que hace arte sonoro y trabaja con la escucha. Para él todo sonido es bello, mientras que para los oyentes generalmente hay parte de sonido que se entiende como ruido.

También habrá una parte más instalativa.

Tanto Bárbara como yo presentaremos obra física, en mi caso, fotografías sobre mi proyecto «Deleción», a la búsqueda del cromosoma que me falta, mientras que Muriel borda sus informes médicos, sus escáneres y resonancias. Expondrá tres obras sobre esto. Asimismo, Silva realizará una performance, una preciosidad, que se llama «Oigo pero no logro escuchar. Presente de indicativo del verbo oír». Él se quedó sordo con tres años, pero recuperó la audición gracias a un implante coclear con treinta. Cuando esto ocurre, como su cerebro había estado tantos años inhabituado a oír, se da cuenta de que oye pero no entiende lo que le dicen.

A raíz de eso hizo esta performance en la que coge la declinación del presente de indicativo del verbo oír, sus palabras, mezcla sus letras sobre una pared, y una cantante va leyendo las combinaciones, de forma que tú oyes una sintonía muy bonita pero no entiendes nada. Hasta ahora esa performance se había hecho con una cantante vidente y mañana la haremos igual con una cantante ciega. Una diversidad más. Lo mismo que veremos nosotros en la pared lo tendrá ella en braille para poder leerlo.

¿Tenía referentes para hacer un proyecto como La Tullida?

Hay referentes, pero no he encontrado nada exactamente igual. En Estados Unidos estaba el Growth Art Center de Judith Scott. Ella era síndrome de down y sorda, y durante muchos años vivió en un centro institucionalizado. Muy mayor ya, su gemela se hace con su custodia, y es la que la introduce en un centro de artistas con diversidad funcional. El lugar me parecía interesante porque sus artífices eran artistas, pero su dirección y asistentes no tenían diversidad funcional. A lo que se suma que a mí me gusta mezclar, porque en sociedad estamos mezclados. Pero he de confesar que también tengo un conflicto interior con el definir hasta qué punto uno es consciente de que es artista. En Madrid contamos con la asociación Debajo del Sombrero, de artistas creo que con diversidad intelectual, que trabajan mucho en Bellas Artes en la Complutense, en Matadero, pero el sistema es el mismo: los asistentes son voluntarios. A mí que se una voluntariado y diversidad funcional me da un poco de yuyu.

Y, después de mañana, ¿qué?

Tengo una pequeña programación en la cabeza para volver a aparecer. Talleres diseñados que mezclan diversidad funcional y arte, sobre todo para que los que no lo son, para que aprendan a través de la diversidad. Algo tan tonto como hacer un bizcocho puede dar pie a un millón de historias, porque también de formas muy diversas puedes hacer un bizcocho. Al final todos somos igual de diferentes.

«Oigo, pero no logro escuchar…», de Juan Isaac Silva

De hecho, crees que la diversidad funciona no te toca, y mañana te descubren una enfermedad, te rompes una pierna esquiando o te quedas embarazada y te das cuenta de los muchos problemas de accesibilidad que te encuentras. Todos nos vamos a hacer mayores, perderemos vista, oído, movilidad… Tengo ya citas para hablar con empresas, pero también instituciones como Matadero o La Casa Encendida. Quiero comisariar más exposiciones, realizar consultorios de accesibilidad para espacios culturales y artísticos. Hoy mismo hacemos esta tarde una performance con el Museo Reina Sofía.

Acabemos hablándome de eso.

Es una visita guiada que tiene en cuenta la accesibilidad del centro. Me interesa «performar», convertir en «performances» las consultorías. No dar la chapa. Por eso haré toda la visita guiada arrastrando una silla. El hecho de hacer ruido es importante. El hecho de que nos regañen será muy performantico. Porque las personas con diversidad funcional «molestamos».

Presentación de La Tullida Gallery Lugar: La Juan Gallery (C/ Provisiones, 26). Madrid. Día: 14 de diciembre. Horario: De 18:00 a 20:00 horas. Participan: Juan Isaac Silva, Bárbara G. F. Muriel y Costa Badía (directora)

Texto publicado en la web de ABC Cultural el 13 de diciembre de 2019

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