Alexis W. «Mi colección de vidas» (TEA) y «La ventana indiscreta» (La Regenta)

«Persigo el gesto esencial, el que nos hace frágiles»

El trabajo de Alexis W de los últimos años se reparte entre las dos provincias de su Canarias natal: el TEA, en Tenerife, condensa «Mi colección de vidas», su proyecto más reciente, mientras que La Regenta, en Gran Canaria, recupera las siete ediciones de «La ventana indiscreta»

Alexis W en las salas del TEA

Generalmente, estas entrevistas se realizan en el espacio en el que se exponen los trabajos que el artista de turno presenta públicamente, un museo o una galería. Alexis W (El Hierro, 1972) propone cambiar las tornas y hacerla en un bar, su bar en Madrid. El plan es el siguiente: él charlará conmigo si yo luego me dejo hacer un retrato. Y es un peaje que habrá que pagar, porque mucho de ese entorno tan ajeno (o no) al ámbito plástico queda impregando en Mi colección de vidas, el conjunto de rostros que ahora expone en el TEA-Tenerife y con el que su autor sigue explorando los límites de lo autobigráfico a través de los demás.

«Mi colección de vidas». Un título rotundo para un proyecto ambicioso.

«Mi colección de vidas» es el nombre de un fragmento de la serie de retratos que tomo en la barra de un bar y que propongo para mi exposición en el TEA. Configuran esta galería de otros casi 600 fotos, de las que selecciono 56 para la exposición. Siempre ha habido en mi trabajo una cierta inclinación hacia lo autobiográfico, una autobiografía que construyo a partir del Otro. El conjunto aglutina las miradas que me circundan, que pertenecen a mi perímetro vital, es decir, a las personas con los que he compartido momentos de mi vida: Nuestros caminos se cruzaron en la barra de ese bar. Con estos retratos intento construir parte del gran autorretrato que, de alguna manera, relata mi experiencia vital anterior. He pasado trece años de mi vida trabajando de noche, viviendo con el reloj biológico a deshora. Con este trabajo he querido reconocer a mis acompañantes en esa experiencia. 

¿Y cómo influye en los resultados que las fotos hayan sido tomadas en un entorno tan atípico y en absoluto neutro?

Cuando uno se enfrenta al resultado final, no duda de que son imágenes que formalmente podrían haber sido tomadas en un estudio. Su construcción es muy clásica: un retrato más o menos frontal con un fondo neutro y un uso muy determinado de la luz. Sin embargo, en su ejecución, estas fotos son todo lo opuesto a un retrato de estudio: por el entorno, porque trabajo con unas luces de las que no tengo el control total, por lo mucho de azar que nos rodea y porque el encuentro con el retratado pervierte a lo que sucede en un estudio. Aquí no hay coqueteos, ni acercamientos: las tomas son hechas en un lugar público, donde eres observado por los demás, mientras éstos beben y comentan el espectáculo del que eres protagonista, mientras yo aparto el humo de los cigarrillos con la mano antes de disparar. Todo eso pone al modelo en una situación de tensión que se manifiesta en el retrato. Es esta realidad la que dota de magia al trabajo: el misterio está en lo que no se ve. Nunca conseguiría el mismo resultado en un estudio convencional.

Imagen de la serie «Mi colección de vidas»

¿Qué información aporta un rostro sin gesto?

Yo persigo el gesto esencial, el que promete el rostro cuando consigues bloquear los rictus que mantienen la mascarada, es decir, el que te hace fragil. No aspiro a retratar rostros sin gestos porque resultaría imposible. La única manera de hacerlo sería intentando un retrato sin la convocatoria del retratado. Entiendo que el rastro no es otra cosa que la prueba de la existencia de algo, de alguien. Mis retratos son, en esa medida, también, rastro. Evitar la escenografía, desposeer el rostro de atributos, envolver la cara en el fondo neutro del negro que lo inunda todo, hace que la atención se centre en lo que realmente me interesa, me facilita el acercamiento al retratado tal cual, sin artificios. La máscara solo habla de la dificultad del encuentro con el otro. 

¿Qué tipo de retrato es el que persigue?

Conceptualmente hablando, el retrato que me interesa es el psicológico. Busco un retrato sin artificios. Siempre me he trasladado por la frontera del conflicto humano y el rostro acaba siendo el todo del ser. Ahí se contiene todo.  Retratos sin atributos que engañen, despisten o condicionen la mirada son los que mejor determinan un mano a mano directo. Hay una intención en humanizar lo más posible al retratado, pillarlo en su esencia. Es importante trazar un dialogo, un encuentro en un tú a tú sin complejos. Sus rostros se me ofrecen como espejos a los que asomarme y lo hago sin compasión alguna. Ya trabajé el retrato en otra serie de La ventana indiscreta en la que el personaje se desnudaba, se mostraba a través de sus objetos, de sus cosas. En este caso he querido depurar el proceso lo más posible. 

Se habla en los textos del catálogo de un Alexis W más adulto después de realizar esta serie. ¿Cómo la contempla usted mismo?

Creo que después de muchos años trabajando, ahora he entendido qué es lo que quiero hacer. He hallado el camino para conseguir ese desnudo total del que hablábamos antes. Mi formación es autodidacta, pero no he dejado de aprender y de hacer cosas con la fotografía. Mis series en la calle han sido como ejercicios para avanzar. El trabajo previo ha sido el andamiaje para llegar a donde hoy estoy. Ahora sé qué es lo que tengo entre manos y, por ello, es la primera vez que siento responsabilidad a la hora de trabajar. Siempre he manipulado un material muy sensible, pero nunca tan sensible como en estos momentos. Nunca había sentido tanta responsabilidad como en este trabajo. En este sentido, Mi colección de vidas no es un trabajo más, no es un trabajo cualquiera, he hecho feliz a mucha gente, y a eso es a lo que más puedo aspirar como artista y sobre todo como persona. 

Detalle del montaje de «La ventana indiscreta» en la calle Pelayo

Igual que existe un protocolo de elaboración de la imagen, ¿existe un protocolo para elegir a los retratados? 

Ahora soy mucho más selectivo con los personajes. Me centro más en su idiosincrasia y su tipología, porque también afino más para construir mi propio retrato. Pero uno de los grandes descubrimientos de este trabajo es que todo el mundo tiene su luz, y yo he ido aprendiendo a ver esa luz sin tener que pasar por el ejercicio de fotografiar a la persona. Me interesa la gente, me interesan los personajes anónimos… Claro que hay rostros que te seducen, pero nada es descartable a priori. La relación afectiva ha pesado mucho en la selección del TEA, pero hay la misma «piedad» en la toma de sus imágenes: a todos los individuos los desmantelé, los sometí a los mismos protocolos de eliminación de su máscaca, los llevé al mismo punto… 

No será una casualidad que haya en el conjunto tan pocos retratos femeninos.

He intentado que Mi colección de vidas» no sea un estudio de género, como lo han sido proyectos anteriores. Lo que pretendía era crear el mayor retrato de mi experiencia vital y eso pasa por mi experiencia de 13 años en ese bar en el que están tomadas las fotos, que es un bar de chicos. 

Se le atribuyen muchos referentes, entre ellos, el de la influencia de la pintura barroca. ¿Le molestan?

Las identificaciones con otros trabajos son inevitables y necesarias. Trabajo claramente con unas luces que evocan y referencian el choque entre las luces y sombras del Barroco. E n ese sentido, tengo que decir que uno de mis referentes actuales es el Museo del Prado. Aunque tengo que decir también que esa influencia fue posterior o paralela a la serie. Tú has sido retratado, tú conoces la luz con la que trabajo: es un regalo, siempre estuvo ahí, esperándome. Los referentes son las fuentes de las que bebemos todos, están ahí para acercarte o alejarte a ellas, para pervertirlas. Como entenderíamos la postmodernidad sin el culto democrático a esos referentes. Actualmente, mis referentes mas inmediatos tal vez sean los trabajos de Alberto García Alix, un gran poeta, Pierre Gonnord y la alemana Anja Muller. El hecho de conocer y admirar personalmente a Pierre y a Alberto hace tal vez que esa fascinación por su trabajo sea mayor. Me encanta como se desparraman en sus trabajos, como éste se convierte en una prolongación de ellos mismos. 

Imagen de la serie «Mi colección de vidas»

Lo ha mencionado: no hay tanta distancia entre este proyecto y los anteriores.

Esta serie está muy relacionada con el ciclo de arte público La ventana indiscreta y sus siete ediciones. El punto en el que me encuentro ahora no es una casualidad, ni un «porque sí». Todo está muy trabado en mi trayectoria. Hasta la primera edición de La ventana funcionaba como bisagra entre este ciclo y lo que realicé anteriormente. En aquellos inicios el interés se centraba en el desnudo, un desnudo en el que además nunca había rostro y con el que retrataba mi soledad y mi infancia. Desde entonces, los géneros han sido los mismos y también la intención de conocerme. Pero se iba acotando el escenario hasta centrarme en la mirada y el gesto. Ahora estoy haciendo un proceso de documentación del bodegón. Será el siguiente giro en el trabajo, de una manera paralela. El retrato, el paisaje y el bodegón, las personas, los lugares y las cosas, ahí esta todo lo que me interesa.

Ese andamiaje pretérito es el que se verá en La Regenta. 

La ventana indiscreta es el gran proyecto expositivo que pongo sobre la mesa. Una intervención en el espacio público en el que hago un ejercicio de especulación estética con la arquitectura urbana. Situamos su puesta en escena en 2003: cajas de luz que cuelgo en los balcones de la calle Pelayo de Madrid. En La Regenta (desde el 25 de septiembre) se mostrarán las siete ediciones del proyecto. Pretendo documentar lo que ha sido la experiencia, echarle un vistazo a los derroteros por lo que ha ido transitando el trabajo. La exposicicion mostrará de modo descontextualizado el conjunto, ya que es un proyecto de arte público y ahí reside parte de su fuerza. Ver a gente, espectadores casuales, que tal vez nunca entrarían en un galería o en un museo, parados ante las piezas, es algo de lo más emocionante. Me interesaba desentenderme de los contextos elitistas de la galería y del museo.  Es ahí donde me refiero a La ventana como un proyecto de barrio, el cual no sería posible sin la participación de los vecinos. Con el tiempo se ha ido convirtiendo en un ejercicio de escritura en el que, edición tras ediciones, he ido redibujando poco a poco la idiosincrasia del barrio. El catálogo ha sido construido con el material mismo de las ediciones y el material de documentación, que, hoy por hoy, ha transcendido en importancia al material mismo de las ediciones. He querido hacer un registro psicológico, antropológico y arquitectónico lo más abierto y rico posible. 

¿Tienen fin estas series? 

El autorretrato es una parte documental del trabajo, un ejercicio de vida en el que intentas verte delante del espejo. Creo que lo haré siempre. Lo que si ha ido cambiando es la manera de hacerlo. Cuando me aburra pararé. Se acabará esta serie o cualquier otra. Mientras me sigan emocionando y disfrutando no pienso parar. Hacerme un desnudo fue lo primero que hice cuando cayó la primera cámara en mis manos, fue un acto de rebeldía, ese fue mi primer retrato. 

Imagen de la serie «La ventana indiscreta»

¿Tiene futuros proyectos?

Ahora mismo estoy involucrado en uno que tenía ganas desde hace tiempo y que supone un gran reto: Intervenir el tanque de una antigua refinería. El espacio lo condiciona todo y eso requiere un exhaustivo estudio del mismo. La propuesta discursiva la voy a articular en torno a un relato sobre el sueño, el viaje y la muerte. Me he propuesto activar todos los sentidos del espectador, quiero inquietarlo, tensarlo, meterlo en la pieza y para ello además de la propuesta gráfica voy trabajar con sonidos y olores. También aprovecharé para darle una vuelta de tuerca a una pieza que propuse para la Bienal de Canarias, en la que presenté sobre un andamio, en una plaza pública, una de las ediciones de La ventana. El andamio no solo funcionaba como soporte, sino como pieza. Ahora quiero encerrarla en un espacio cerrado. Estoy muy ilusionado con el proyecto. 

Al no haber un interés clasificatorio en el conjunto, ¿se pude hablar del proyecto como archivo fotográfico? 

El retrato fotográfico funciona como archivo en sí mismo, es una condición inherente. Me encanta pensar en su valor antropológico, de archivo. Dentro de 20 años serán fantásticos y dentro de 100 maravillosos. Es un trabajo que envejecerá bien, será un gran regalo para los espectadores del mañana. 

Imagen de la serie «Mi colección de vidas»
Alexis W. «Mi colección de vidas». TEA. Tenerife. Avenida de San Sebastían, 10. Https://www. teatenerife.es. Catálogo: 20 euros. Hasta el 25 de octubre de 2009. «La ventana indiscreta». La Regenta. Las Palmas de Gran Canaria. C/ León y Castillo, 427. Desde el 25 de septiembre de 2009. 

Texto ampliado del publicado el ABC Cultural el 5 de septiembre de 2009. Nº 913

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